Los errores que seguimos pagando-chicho rodriguez

Los errores que seguimos pagando

Ríos, quebradas, humedales, lagunas e incluso acuíferos subterráneos más que elementos naturales, son estructuras vivas que sostienen la economía, la salud, la seguridad alimentaria y la estabilidad social de los pueblos.

Uno de los pilares fundamentales para el progreso de cualquier territorio es la gestión integral del recurso hídrico. Así mismo, la gestión del riesgo es su hermana gemela. No existe desarrollo posible sin considerar que el agua -así como da vida- también puede destruir.

La mayoría de las tragedias no son “naturales”; son construidas socialmente. Se dan cuando permitimos viviendas en zonas de riesgo, cuando legalizamos urbanizaciones en rondas hídricas, cuando ignoramos los mapas de amenaza o cuando no exigimos que las grandes infraestructuras funcionen con criterios técnicos y no comerciales.

Actualmente nuestro Departamento padece fuertes inundaciones que afectan a varios municipios, incluidos barrios enteros de Neiva, estas, no son únicamente consecuencia de la fuerte temporada de lluvias advertida por el IDEAM. También son resultado de decisiones humanas.

A raíz de estos desbordamientos, han surgido serios interrogantes sobre la operación de los embalses de Betania y El Quimbo. Diversas voces advierten que se habría priorizado la generación de energía mediante la apertura de compuertas en plena creciente del río Magdalena.

En materia ambiental -en Colombia- la responsabilidad es objetiva, lo que implica que basta con que exista el daño para que el autor de la actividad riesgosa responda, incluso sin culpa. En este contexto, surgen preguntas sobre la aplicación del principio de prevención, el principio de precaución y el deber de información a las comunidades ubicadas aguas abajo de los embalses.

Frente a esto, es imperativo que las autoridades correspondientes determinen las diferentes responsabilidades. De igual manera, debemos hacer un mea culpa como sociedad y como ciudad. Neiva ha cometido errores históricos de planificación. Tenemos un POT antitécnico, congelado en el tiempo, que no responde a la realidad de los riesgos ni del cambio climático.

Hemos tenido, también, gobernantes irresponsables que legalizaron barrios en zonas de exclusión, que negociaron con el riesgo por votos y que destruyeron lo poco que se había avanzado en gestión territorial. Hoy esos mismos personajes, disfrazados de “salvadores del pueblo”, andan convocando reuniones como superhéroes ¡Cuidado! no son corderos, son lobos que ya gobernaron y fallaron.

Mi solidaridad está con todas las personas, cooperativas, empresas y familias afectadas por esta dolorosa emergencia. El agua no tiene ideología, pero sí exige responsabilidad. Que esta tragedia no se convierta solo en una noticia más, que sea el punto de quiebre para hacer lo que por años no hemos querido hacer.

Fuente: Diario La Nación

Guayabo financiero-chicho rodriguez

Guayabo financiero

“Después de los gozosos, vienen los dolorosos.”

El viejo refrán de los abuelos cobra vigencia ahora que se apagan los últimos ecos del Festival del Bambuco. Tras la fiesta, llega la realidad; una que alcanzará de frente a los alcaldes y gobernadores del país, justo cuando inician su cuarto semestre de gobierno y el de Gustavo Petro -si no se queda- entra en su recta final.

Para los mandatarios territoriales llegó la hora de asegurar recursos, de concretar proyectos y de ejecutar. Sin embargo, es cuando más incertidumbre tendrán sobre el respaldo del Gobierno Nacional. Y no es una sospecha infundada, es una preocupación real, derivada de un panorama presupuestal sin rumbo claro.

El presidente Petro prometió más de 90 proyectos para el Huila, muchos catalogados como estratégicos y con inversiones multimillonarias inscritas en su Plan Nacional de Desarrollo “Colombia Potencia Mundial de la Vida”.

La hora de los discursos ya pasó, es hora de la certeza. Y la pregunta importante es ¿Con qué recursos el gobierno nacional va a garantizarles a los gobernantes la cofinanciación de los proyectos de infraestructura o inversión social con los que se comprometió?

El Huila sigue dependiendo del Gobierno Nacional para financiar su desarrollo. Y esa dependencia se vuelve un riesgo cuando el gobierno central no tiene cómo responder. Aunque se han hecho esfuerzos, todavía estamos muy lejos de ser una región capaz de sostenerse por sí sola. Por eso, cualquier crisis en las finanzas de la Nación nos arrastra con fuerza.

La situación financiera del país es crítica. Lo dice el Ministerio de Hacienda, los expertos en la materia y las medidas desesperadas del Ejecutivo como la de anticipar el recaudo de la retefuente del 2026 para este 2025 ¿la razón? El recaudo tributario cayó estrepitosamente.

Además, el Gobierno volvió a modificar la regla fiscal. Esta vez no por la pandemia, sino por la incapacidad de ajustar el gasto a la realidad. Los versados advierten que esto traerá más deuda pública, mayor presión sobre el gasto y un déficit proyectado del 7.5% del PIB en 2025.

Esta crisis puede afectar la capacidad productiva, exportadora y fiscal de cada territorio. En el caso del Huila, donde apenas alcanzamos una participación del 1.7% del PIB nacional, cualquier golpe será fuerte. Y lo más triste es que algunos celebran esa cifra como si fuera un logro, cuando es una muestra clara de estancamiento.

La fiesta terminó y es momento de hablar con firmeza. Miientras más se demoren en exigir lo que nos deben, más fuerte será el guayabo y más dura será la resaca.

Fuente: Diario La Nación

San Pedro, un compromiso ciudadano-chicho rodriguez

San Pedro, un compromiso ciudadano

En todas las sociedades del mundo, conservar las tradiciones no es una simple repetición de costumbres, es una apuesta por la memoria, por el arraigo, por la construcción de identidad colectiva. Proteger el patrimonio histórico y cultural es también una forma de educar y transformar ciudadanos.

En ese sentido, el Festival del Bambuco en San Juan y San Pedro no es solo una temporada de alegría, es la máxima expresión de nuestro legado como huilenses. Es la oportunidad que tenemos, como pueblo, de contarle a Colombia y al mundo quiénes somos.

Por esto, vale la pena hacernos una pregunta ¿Estamos preparados, como ciudadanos, para vivir de nuevo estas fiestas? No se trata únicamente de organizar desfiles o conciertos, sino de vivir el festival con orgullo y altura. De demostrar que sí podemos comportarnos como una sociedad que ha madurado y que sabe recibir al visitante con amabilidad y decoro.

Y duele decirlo, pero año tras año los ejemplos de mal comportamiento empañan lo que debería ser una celebración ejemplar. Los hechos lamentables que han opacado algunos eventos recientes no pueden convertirse en la norma. No es corriente que la violencia empañe la fiesta. No es justo que una celebración tan hermosa se convierta en excusa para desatar lo peor de nuestro comportamiento.

Tampoco se trata de responsabilizar simplemente a la Alcaldía, a la Policía o las diferentes entidades o instituciones, sino de mirarnos como sociedad ¿Por qué no somos capaces de gestionar nuestras diferencias sin necesidad de agredir al otro? ¿Por qué cuesta tanto celebrar sin violentar?

Neivanos, los primeros llamados a dar ejemplo somos nosotros. No se trata solo de ser buenos anfitriones por turismo sino por convicción. El respeto, la empatía y la decencia también hacen parte del patrimonio que queremos legar. Cada saludo amable, cada gesto honesto, cada acción solidaria construye confianza, refuerza el tejido social y transforma la experiencia de quienes nos visitan.

¡Sí! cuidar al turista, respetarnos entre nosotros, evitar los abusos, mantener la ciudad limpia, cobrar lo justo, saludar con una sonrisa… también es folclor y cultura. Y es quizás la forma más poderosa de mostrarle al mundo que Neiva y el Huila no solo tienen una fiesta hermosa, sino una ciudadanía que la respalda y la engrandece.

En estas fiestas, el buen comportamiento ciudadano no se decreta, se ejerce. La cultura, la hospitalidad y el respeto nacen del corazón de la gente. Este San Pedro, tenemos la responsabilidad de demostrar que Neiva no solo baila bonito, sino que sabe convivir, acoger y celebrar con altura ¡Hagámoslo!

Fuente: Diario La Nación

¿Copiar o innovar-chicho rodriguez

¿Copiar o innovar?

“Huila no es el nuevo eje cafetero. Huila es el corazón del café”.

Esa frase, pronunciada por Germán Bahamón -gerente de la Federación Nacional de Cafeteros- durante el foro conmemorativo de los 120 años de nuestro departamento, no solo es una verdad poderosa, es un llamado urgente a despertar. A reconocernos. A creérnosla.

Una expresión pujante, que no solo comparto, sino que me provocó una serie de reflexiones sobre la necesidad que tenemos como región de asumir, proteger y proyectar con orgullo nuestra identidad. No se trata de parecernos a otros, sino de ser lo que auténticamente somos, una tierra con historia, vocación y potencial único.

Cuando Apple lanzó el iPhone, no intentó parecerse a BlackBerry. Apostó por crear algo distinto, único. Y esa decisión transformó el mundo y la historia de las comunicaciones.

Nike tampoco se hizo grande copiando a Adidas. Arriesgó por su esencia, por su autenticidad. Y fue esa valentía la que los llevó a firmar con Michael Jordan, el mejor basquetbolista de todos los tiempos. Ese solo movimiento desató una revolución comercial y deportiva sin precedentes; hoy, sigue generando miles de millones de dólares.

Los huilenses -y especialmente los neivanos— tenemos que entender que nuestra mayor riqueza está en lo que somos, no en lo que intentamos parecer. Tenemos tradición, arraigo y carácter. No necesitamos replicar fórmulas ajenas, porque aquí ya hay materia prima de sobra: café, cacao, pescado, frutas, cultura… identidad.

Insisto, Neiva, nuestra capital, tiene que comenzar a actuar en coherencia con esa identidad. Tenemos que conectar de manera urgente nuestro tejido empresarial con las fortalezas productivas del departamento. Nuestra ciudad debe ser la plataforma de transformación y generación de valor agregado de ese potencial. Solo así empezaremos a construir un modelo real de progreso.

Neiva tiene que asumir el rol que le corresponde. La capital del Huila no puede ser solo el centro administrativo. Tiene que convertirse en el corazón industrial y comercial del “corazón del café”. Y no solo del café. También del cacao, del pescado, de nuestras frutas, de nuestro turismo, etc.

No, no es una locura imaginar una Neiva con plantas de innovación, con centros logísticos, con universidades e institutos técnicos que respondan a las verdaderas necesidades del territorio, con empresarios e inversionistas comprometidos, con políticas claras que les garanticen seguridad y rentabilidad.

Esto no es un sueño. Es un propósito legítimo y posible. Pensar en grande y actuar con visión es la única forma de transformar nuestra realidad. Porque las regiones que crecen no son las que imitan. Son las que se reconocen, se organizan y se atreven.

Fuente: Diario La Nación

Colombia no resiste más odio-chicho rodriguez

Colombia no resiste más odio

Cada vez que ocurre un acto de barbarie en Colombia, vuelvo emocionalmente a esos días oscuros donde el miedo nos gobernaba y la violencia dictaba las reglas. Heridas abiertas que muchos prefieren enterrar, pero que siguen ahí, supurando, recordándonos que el país nunca ha logrado apaciguar su dolor.

Todos, de una u otra forma, hemos sentido ese nudo en el pecho que produce la violencia. Pero ante cada nuevo hecho criminal, no puedo evitar pensar en el dolor desgarrador de las familias que viven directamente esta tragedia.

El atentado contra el precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay me sacudió profundamente. No solo por la brutalidad del hecho, sino porque me llevó de regreso a un pasado que uno quisiera haber dejado atrás. Me dolió recordar, con particular cercanía, el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, una herida que aún duele en la memoria del país y de su familia.

También volvieron a mí pensamiento magnicidios como los de Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Diana Turbay, Guillermo Cano, Carlos Pizarro, Jaime Garzón, entre otros; víctimas todos de un país que no ha sabido reconciliarse con su historia.

Y cómo no pensar en los líderes sociales y ambientales silenciados, en los soldados y policías asesinados, en las masacres y en tantas formas de violencia que nos han impuesto irracionalmente desde todos los sectores ¿Cuántas tragedias más necesita Colombia?

La verdad es cruda y dolorosa, hemos sido y seguimos siendo una sociedad enferma de odio y marcada por la venganza. Cada hecho violento nos divide más, nos enfrenta más y nos envenena más.

Por esto, es urgente cesar los discursos de odio y los llamados de muerte en nombre de una supuesta libertad, vengan de donde vengan. La libertad solo se construirá respetando al prójimo, empezando por la vida misma. Solo así seremos una sociedad libre.

Es hora de atrevernos a construir consensos y de aprender a escucharnos sin matarnos. No podemos escapar de esta realidad, las confrontaciones políticas llenas de odio, usadas como combustible electoral, nos están empujado a una crisis cada vez más profunda como Nación.

Tampoco habrá paz sin seguridad. Y no habrá seguridad hasta que se desmonten con determinación las economías ilícitas que se apoderaron del estado y los distintos gobiernos.

Como ciudadanos, no podemos ser inferiores a este momento. No podemos callar frente al crimen. El silencio es complicidad.

Expreso mi contundente rechazo por el atentado contra el Doctor Miguel Uribe. Acompaño en solidaridad a su familia, amigos y organización política. Pido a Dios por su vida y total recuperación ¡Así sea!

Fuente: Diario La Nación

El Jardín que Neiva está perdiendo-chicho rodriguez

El Jardín que Neiva está perdiendo

Conservar los recursos naturales no es solo una responsabilidad ambiental, es un imperativo social y urbano. Las ciudades, tanto en sus zonas rurales como en sus áreas urbanas, encuentran en la protección de sus ecosistemas una herramienta vital para garantizar sostenibilidad y calidad de vida.

Neiva, nuestra ciudad, alberga valiosos activos ambientales como las lagunas del Curíbano y Los Colores; los cerros orientales que enmarcan la vía a San Antonio, Vegalarga, El Caguán y El Triunfo; igualmente, ríos fundamentales como Las Ceibas, el río del Oro y, por supuesto, el imponente Magdalena.

Un ejemplo emblemático, también, es el Jardín Botánico “Bertha Hernández de Ospina”, ubicado en la comuna 6, al sur de la ciudad. Con una extensión de 19 hectáreas y un ecosistema de bosque seco tropical, es hogar de múltiples especies de flora y fauna. Allí nacen y viven la laguna Pisingo y la laguna Ibis, humedales que deberían ser orgullo y no olvido.

Tuve el honor de ser el primer secretario de Medio Ambiente de los neivanos. Y desde esa posición, comprendiendo la importancia de este espacio, gestioné -en ese entonces- ante el Concejo de Neiva, la administración municipal y sus antiguos propietarios, su incorporación como bien público del municipio. Lo hicimos con el propósito de protegerlo y reducir el enorme déficit de zonas verdes en Neiva.

Para aquella época (2014), articulamos un trabajo con la comunidad vecina. A través de vigías ambientales, desde la ciudadanía y con apoyo institucional, garantizábamos la vigilancia y conservación del parque. Las labores de limpieza eran frecuentes.

Hace pocos días, atendiendo la invitación de varios líderes comunitarios, visité el Jardín Botánico. Salí profundamente preocupado. El deterioro es evidente, pero lo más alarmante es el avance descontrolado del buchón, una planta acuática que, si bien tiene propiedades de filtración y oxigenación, cuando se propaga sin control puede asfixiar el ecosistema y desplazar por completo a otras especies. Hoy, esta planta cubre cerca del 95% de la laguna principal.

Sé que desde hace algunas administraciones, incluida la actual, se viene trabajando en un proyecto para transformar este parque en un verdadero parque de ciudad. Celebro esa intención.

Pero antes de la ejecución de este proyecto, la administración debe priorizar la limpieza de los lagos. Es urgente. No podemos permitir que el deterioro avance al punto de lo irreversible. Estoy seguro que si nos convocan, como ciudadanos, responderemos. Pero debe ser un esfuerzo continuo, no una campaña de selfis y redes sociales. Neiva debe convertirse, de una vez por todas, en una causa común. La causa común de todos.

Fuente: Diario La Nación

Espacio público, escuela de ciudadanos-chicho rodriguez

Espacio público, escuela de ciudadanos

Contar con espacios públicos seguros, dignos y sostenibles no es un lujo ni una moda urbanística. Es una necesidad fundamental para cualquier sociedad que aspire a construir identidad, progreso económico y ciudadanía.

Cuando estos espacios existen bien mantenidos y son disfrutados con dignidad, los ciudadanos se empoderan con afecto por lo común, existe responsabilidad compartida y prospera un contundente amor por la ciudad. Lo contrario, también sucede. Cuando los espacios públicos son abandonados, invadidos o mal administrados se transforman en focos de inseguridad, deterioro y exclusión.

En Neiva, la polémica sobre el deterioro de los espacios públicos ha sido motivo de creciente controversia. Este no es un problema reciente y sus causas son diversas: falta de recursos, informalidad desbordada y presencia de redes ilegales, entre otros. A ello se sumó una irresponsable práctica institucional, la entrega de muchos espacios públicos sin estrategia ni legalidad, como simple moneda de cambio para saldar compromisos personales o políticos.

Neiva, contrario a lo anterior, tiene casos que merecen ser destacados. El parque del barrio Sevilla, por ejemplo, ha logrado articular a constructores, empresarios, emprendedores, comerciantes, deportistas y gestores culturales, generando un espacio activo, sostenible y funcional. Es un modelo que demuestra que sí es posible.

¡Vale la pena! Entonces, soñar con espacios públicos bien conservados, vivos, construyendo identidad y tejido social de forma permanente ¡Claro que se puede!

La falta de recursos no puede seguir siendo la justificación. Para esto existe algo más poderoso: la voluntad política, la articulación institucional y la gestión con amor por nuestra ciudad.

Justo ahí es donde debemos abrir el debate: ¿es posible pensar en una Neiva distinta, donde el espacio público no sea un botín ni un estorbo, sino el alma viva de una ciudad que se respeta a sí misma? ¿Es posible crear una sociedad de ornato que, entienda que el paisaje urbano y su funcionalidad no son un lujo sino un derecho colectivo?

Esto, más que discursos, implica que la misma tenga un gobierno corporativo decente, honesto y serio, que promueva reglas claras, una gestión eficiente y una visión sostenida en el tiempo. Un gobierno que motive al sector privado con incentivos tributarios reales, transparentes y estratégicos, no improvisados; que lo invite a invertir no por obligación, sino por convicción.

Y, sobre todo, implica una ciudadanía que deje de ver lo público como lo ajeno y empiece a apropiarse de sus parques, sus andenes y sus plazas… como si fueran extensiones de su casa, de su historia y de su misma dignidad.

¿Seremos capaces de hacerlo?

Fuente: Diario La Nación

Neiva, 413 años, ¿y qué celebramos-chicho rodriguez

Neiva, 413 años, ¿y qué celebramos?

Este 24 de mayo, Neiva celebrará 413 años de su fundación. Como cada año, y por mero protocolo, ondearán las banderas, habrá ofrendas florales, estallarán fuegos artificiales y, por supuesto, se entregarán condecoraciones.

La pregunta que inevitablemente surge es si celebramos la fecha de nuestra fundación o, los años de avance que, como sociedad, desde aquella época, hemos tenido.

Entonces, qué sentido tiene celebrar la edad de una ciudad cuando muchas de sus heridas siguen abiertas y se profundizan porque sus autoridades y habitantes continúan divididos entre la indiferencia y la frustración…Si lo hacemos por simple rutina, se entiende; pero si creemos que todo está bien, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos.

No. No se trata de apagar las velas ni de silenciar el himno. Se trata de detenernos un momento, con la mayor sinceridad posible, a reflexionar sobre cuán equivocados estamos en la manera como estamos concibiendo y construyendo nuestra ciudad.

Quizás, si nos diéramos ese permiso de conciencia, concluiríamos algo doloroso, que en muchas cosas estábamos mejor hace 412 años. Al menos, en ese entonces, había una victoria, había una esperanza. Hoy, en lugar de avanzar, retrocedemos. Nos envuelve la desidia institucional, el egoísmo cívico y la pérdida casi total de nuestra identidad y del sentido de comunidad.

No quiero ser aguafiestas ni pretendo arruinar las celebraciones de unos pocos. Pero esta es la realidad. Si hablamos de conquistas contemporáneas, hoy, Neiva no tiene nada —absolutamente nada— para celebrar. La ciudad no es ni la sombra de lo que podría ser. Y lo más grave es que nos acostumbramos al letargo, a la mediocridad, al “así nos tocó” o “eso es lo que hay”.

Lo más grave de todo es que se volvió hábito olvidar rápidamente la responsabilidad de los verdaderos culpables y de sus aliados en el desastre de ciudad que hoy tenemos.

Eso sí, aplausos, con fuerza, para quienes sí dignificaron el nombre de Neiva y la proyectaron más allá de sus fronteras. Ellos sí construyeron ciudad.

Aplausos sinceros, también, para esa generación de familias que apostaron por la industria y la generación de empleo y riqueza en nuestra ciudad. Aplausos para esas mujeres, madres, jóvenes y aquellos neivanos que con honestidad y su sudor siguen moviendo la economía de una ciudad que, lamentablemente, aún no les retribuye como merecen.

Conclusión, a los 413 años, Neiva necesita menos discursos conmemorativos y más debates profundos. Necesita menos promesas y más realizaciones concretas. Menos desobediencia y más ciudadanía. Menos autoridad, más ejemplo y más servicio.

¡Tal vez no es tiempo de celebrar sino de reflexionar!

Fuente: Diario La Nación

Neiva, una sociedad que se destruye-chicho rodriguez

Neiva, una sociedad que se destruye

El respeto mutuo entre ciudadanía y autoridad es una piedra angular en la edificación de una sociedad funcional, justa y equilibrada.

Cuando una comunidad reconoce y valora la figura de la autoridad, y esta, a su vez, se ejerce con responsabilidad, se consolida un tejido social fuerte, capaz de sostenerse sobre la base del orden, la legalidad y la confianza recíproca.

Las sociedades que promueven la cultura ciudadana desde el respeto por las normas ya sean de convivencia, de tránsito, de seguridad o del simple trato cotidiano, son aquellas que comparten una identidad común. Esa identidad, se expresa en una ética colectiva del comportamiento cívico. Esas son las sociedades que generan riqueza, no solo en lo económico, sino en su capital social y humano.

Por el contrario, las sociedades donde se desacatan sistemáticamente las normas, donde la autoridad es vista como un enemigo o simplemente como alguien a quien burlar, se descomponen desde dentro. Su tejido social se deshilacha y se fractura. Son sociedades condenadas a educar generaciones sin norte, sin referentes y sin sentido de comunidad.

Esta destrucción no solo ocurre cuando el ciudadano irrespeta las normas. También se da cuando es la propia autoridad la que irrespeta al ciudadano. El abuso de poder, la corrupción, el trato grosero, la indiferencia ante el deber, también erosionan la confianza pública. Una autoridad que deja de servir y comienza a imponerse con prepotencia, es una autoridad que pierde su legitimidad, sin importar el uniforme que vista o la oficina que ocupe.

Bajo ese contexto, es inaceptable lo ocurrido la semana pasada en Neiva, donde un mal ciudadano, infractor reiterado de las normas de tránsito y con aparentes antecedentes judiciales, intentó agredir con un arma blanca a agentes de tránsito en pleno operativo de la Secretaría de Movilidad.

Estos hechos reflejan con crudeza el tipo de sociedad que estamos dejando crecer en Neiva, una ciudad donde el respeto por la autoridad, las normas y la convivencia están en crisis. Donde se impone la reacción visceral antes que la razón, la desobediencia antes que la ciudadanía. No es exagerado decir que estamos cultivando una generación para la que el orden y el respeto no significan nada.

Es momento de una profunda reflexión colectiva. Neiva necesita transformarse en una ciudad donde se rechacen las agresiones contra la autoridad, pero también donde esa misma autoridad entienda que el respeto se gana desde la transparencia y las buenas maneras. Urge recuperar la credibilidad de la ciudadanía en sus autoridades, especialmente en aquellas encargadas del tránsito y la movilidad.

Fuente: Diario La Nación

Neiva, lejos de ser una ciudad intermodal-chicho rodriguez

Neiva, lejos de ser una ciudad intermodal

Una ciudad intermodal brinda a sus habitantes la posibilidad de desplazarse de manera segura, eficiente y sostenible. Caminar, usar la bicicleta, tomar el bus o conectarse fácilmente con otros sistemas de transporte forman parte de esta dinámica. Cuando así sucede, la ciudad se vuelve más humana.

La intermodalidad, además, tiene impactos directos en la salud pública y en el medio ambiente al promover estilos de vida activos. También, tiene una dimensión económica clave. Los sistemas de transporte integrados dinamizan el comercio local, reducen costos logísticos y atraen inversión.

¿Qué pasaría si Neiva fuera realmente una ciudad intermodal? ¿Cómo cambiaría nuestra forma de movernos, de vivir o de relacionarnos entre nosotros o con el espacio urbano, ambiental y paisajístico que tenemos?

Esta, es la visión hacia la cual apuntan muchas ciudades en el mundo -incluso las más pequeñas- un modelo de movilidad que reduce el caos vial, mejora la calidad del aire y facilita el acceso a oportunidades para todos.

Hoy, sin embargo, Neiva enfrenta una realidad distinta. La ciudad presenta una movilidad fragmentada, sin cultura y con pocas alternativas sostenibles. La infraestructura está fea, deteriorada e insuficiente. Es la realidad, quieran verla o no.

No es posible que zonas de nuestra periferia no estén interconectadas con el centro de la ciudad. Esto solo alimenta la dependencia del transporte informal. Neiva, lejos de avanzar hacia una movilidad inteligente y sostenible, parece estancada en un modelo obsoleto, excluyente, y al parecer, inviable.

En este contexto, resulta responsable abrir un debate serio sobre el papel del Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP) en la construcción de la ciudad intermodal que Neiva necesita.

Aunque el SETP fue concebido como una estrategia para modernizar el transporte público y mejorar la movilidad en la ciudad, su implementación, pese a importantes avances en infraestructura como viaductos y la optimización de algunas vías principales, enfrenta hoy crecientes amenazas de inviabilidad operativa, técnica y financiera que lo alejan de su objetivo inicial.

Una planificación de transporte con visión de largo plazo no puede centrarse únicamente en buses y vías. Debe pensar en conectividad, en inclusión, en sostenibilidad. Requiere articular el transporte con el ordenamiento territorial, con la planificación ambiental, social y con el desarrollo económico, integrando incluso, al río Magdalena que pasa por nuestra ciudad como un eje natural y estratégico para la movilidad.

En última instancia, la intermodalidad no es un lujo ni una utopía, es una necesidad urgente que requiere planeación y ejecución. La pregunta no es si podemos hacerlo, sino cuánto más estamos dispuestos a perder si no lo hacemos.

Fuente: Diario La Nación