Los errores que seguimos pagando-chicho rodriguez

Los errores que seguimos pagando

Ríos, quebradas, humedales, lagunas e incluso acuíferos subterráneos más que elementos naturales, son estructuras vivas que sostienen la economía, la salud, la seguridad alimentaria y la estabilidad social de los pueblos.

Uno de los pilares fundamentales para el progreso de cualquier territorio es la gestión integral del recurso hídrico. Así mismo, la gestión del riesgo es su hermana gemela. No existe desarrollo posible sin considerar que el agua -así como da vida- también puede destruir.

La mayoría de las tragedias no son “naturales”; son construidas socialmente. Se dan cuando permitimos viviendas en zonas de riesgo, cuando legalizamos urbanizaciones en rondas hídricas, cuando ignoramos los mapas de amenaza o cuando no exigimos que las grandes infraestructuras funcionen con criterios técnicos y no comerciales.

Actualmente nuestro Departamento padece fuertes inundaciones que afectan a varios municipios, incluidos barrios enteros de Neiva, estas, no son únicamente consecuencia de la fuerte temporada de lluvias advertida por el IDEAM. También son resultado de decisiones humanas.

A raíz de estos desbordamientos, han surgido serios interrogantes sobre la operación de los embalses de Betania y El Quimbo. Diversas voces advierten que se habría priorizado la generación de energía mediante la apertura de compuertas en plena creciente del río Magdalena.

En materia ambiental -en Colombia- la responsabilidad es objetiva, lo que implica que basta con que exista el daño para que el autor de la actividad riesgosa responda, incluso sin culpa. En este contexto, surgen preguntas sobre la aplicación del principio de prevención, el principio de precaución y el deber de información a las comunidades ubicadas aguas abajo de los embalses.

Frente a esto, es imperativo que las autoridades correspondientes determinen las diferentes responsabilidades. De igual manera, debemos hacer un mea culpa como sociedad y como ciudad. Neiva ha cometido errores históricos de planificación. Tenemos un POT antitécnico, congelado en el tiempo, que no responde a la realidad de los riesgos ni del cambio climático.

Hemos tenido, también, gobernantes irresponsables que legalizaron barrios en zonas de exclusión, que negociaron con el riesgo por votos y que destruyeron lo poco que se había avanzado en gestión territorial. Hoy esos mismos personajes, disfrazados de “salvadores del pueblo”, andan convocando reuniones como superhéroes ¡Cuidado! no son corderos, son lobos que ya gobernaron y fallaron.

Mi solidaridad está con todas las personas, cooperativas, empresas y familias afectadas por esta dolorosa emergencia. El agua no tiene ideología, pero sí exige responsabilidad. Que esta tragedia no se convierta solo en una noticia más, que sea el punto de quiebre para hacer lo que por años no hemos querido hacer.

Fuente: Diario La Nación

El Jardín que Neiva está perdiendo-chicho rodriguez

El Jardín que Neiva está perdiendo

Conservar los recursos naturales no es solo una responsabilidad ambiental, es un imperativo social y urbano. Las ciudades, tanto en sus zonas rurales como en sus áreas urbanas, encuentran en la protección de sus ecosistemas una herramienta vital para garantizar sostenibilidad y calidad de vida.

Neiva, nuestra ciudad, alberga valiosos activos ambientales como las lagunas del Curíbano y Los Colores; los cerros orientales que enmarcan la vía a San Antonio, Vegalarga, El Caguán y El Triunfo; igualmente, ríos fundamentales como Las Ceibas, el río del Oro y, por supuesto, el imponente Magdalena.

Un ejemplo emblemático, también, es el Jardín Botánico “Bertha Hernández de Ospina”, ubicado en la comuna 6, al sur de la ciudad. Con una extensión de 19 hectáreas y un ecosistema de bosque seco tropical, es hogar de múltiples especies de flora y fauna. Allí nacen y viven la laguna Pisingo y la laguna Ibis, humedales que deberían ser orgullo y no olvido.

Tuve el honor de ser el primer secretario de Medio Ambiente de los neivanos. Y desde esa posición, comprendiendo la importancia de este espacio, gestioné -en ese entonces- ante el Concejo de Neiva, la administración municipal y sus antiguos propietarios, su incorporación como bien público del municipio. Lo hicimos con el propósito de protegerlo y reducir el enorme déficit de zonas verdes en Neiva.

Para aquella época (2014), articulamos un trabajo con la comunidad vecina. A través de vigías ambientales, desde la ciudadanía y con apoyo institucional, garantizábamos la vigilancia y conservación del parque. Las labores de limpieza eran frecuentes.

Hace pocos días, atendiendo la invitación de varios líderes comunitarios, visité el Jardín Botánico. Salí profundamente preocupado. El deterioro es evidente, pero lo más alarmante es el avance descontrolado del buchón, una planta acuática que, si bien tiene propiedades de filtración y oxigenación, cuando se propaga sin control puede asfixiar el ecosistema y desplazar por completo a otras especies. Hoy, esta planta cubre cerca del 95% de la laguna principal.

Sé que desde hace algunas administraciones, incluida la actual, se viene trabajando en un proyecto para transformar este parque en un verdadero parque de ciudad. Celebro esa intención.

Pero antes de la ejecución de este proyecto, la administración debe priorizar la limpieza de los lagos. Es urgente. No podemos permitir que el deterioro avance al punto de lo irreversible. Estoy seguro que si nos convocan, como ciudadanos, responderemos. Pero debe ser un esfuerzo continuo, no una campaña de selfis y redes sociales. Neiva debe convertirse, de una vez por todas, en una causa común. La causa común de todos.

Fuente: Diario La Nación

Árboles en Neiva, una crisis anunciada-chicho rodriguez

Árboles en Neiva, una crisis anunciada

La silvicultura urbana no es un asunto de simples jornadas de ornato, de reforestación, de siembra de árboles sin planificación o de videos superficiales para redes sociales. Es una disciplina clave para el desarrollo sostenible de Neiva y requiere gestión estratégica para garantizar beneficios ambientales, sociales y económicos. Un sistema arbóreo bien administrado regula la temperatura, mejora la calidad del aire y embellece el entorno.

En Neiva, la falta de planificación y la negligencia institucional han convertido a un gran porcentaje de árboles en una amenaza latente para los ciudadanos y la infraestructura urbana. La actual temporada de lluvias ha evidenciado una crisis de árboles enfermos, especies mal ubicadas y podas inadecuadas que ponen en peligro vidas y bienes. Esta situación no es un fenómeno de ahora ni una sorpresa; es el resultado de años de omisión y decisiones erradas por parte de las administraciones locales.

En 2014, cuando presidí la Secretaría de Medio Ambiente de Neiva, se realizó el primer y único inventario forestal de la ciudad. A pesar de las limitaciones presupuestales, este diagnóstico abarcó 10 rutas con una extensión de 34.6 kilómetros. Allí se evidenció la existencia de 8.839 árboles sobre andenes, separadores, parques, glorietas, entre otros. De estos, se comprobó que el 92% estaban sanos, el 6% enfermos y el 2% en estado crítico.

El dato más preocupante, en su momento, fue que el 14.5% de los árboles censados, aproximadamente 1.279, debían ser talados por diferentes riesgos o conflictos con algún tipo de infraestructura, evidenciando una falta de planificación entre urbanismo y naturaleza. Así mismo, se recomendó el plan de compensación con especies que, a criterio de los expertos, sí podían ser sembradas en dichos espacios.

La pregunta es ¿Qué se ha hecho con esta información en la última década? La respuesta es clara, muy poco. Neiva sigue sin un Manual del Arbolado Urbano, las especies inadecuadas se siguen plantando y la gestión del arbolado continúa sin criterios técnicos sólidos.

Si bien los accidentes por caída de árboles no generan estadísticas alarmantes, su frecuencia ha aumentado y las consecuencias pueden ser irreversibles. Cada árbol que cae sobre una vivienda, un vehículo o una persona no es un evento aislado, sino la consecuencia directa de una política ambiental ineficiente y la falta de voluntad política para abordar el problema de fondo.

No podemos seguir postergando soluciones. La inacción no solo compromete la seguridad de los ciudadanos, sino que también puede resultar en millonarias demandas contra el Municipio, afectando aún más unas finanzas públicas ya debilitadas. La improvisación nos ha costado demasiado.

Fuente: Diario La Nación

Arde Neiva-chicho rodriguez

Arde Neiva

Una fuerte ola de calor viene azotando nuestra ciudad durante los últimos dos meses; las altas temperaturas han provocado más de 60 incendios forestales que valientemente han sido extinguidos por las unidades del cuerpo de bomberos, muchos de ellos con solidaridad ciudadana.

Este crudo panorama refleja que la vulnerabilidad de Neiva frente a los impactos negativos del cambio climático es una realidad. Y no es para menos, los 37 grados promedio que hoy tenemos, hacen que las calles de la ciudad literalmente ardan y que no exista un solo rincón que escape a la desesperante sensación térmica que nos golpea.

Según informes del Sistema Departamental de salud, el incremento en los indicadores de riesgo cardiovascular y afecciones en la salud mental, asociados a este fenómeno en Neiva, están en aumento.

Si usted es de los que cree que esto es puro cuento, solo imagínese estar en la siguiente situación: Neiva, 12:00 p.m. del día, 40 grados de temperatura, trancón, full contaminación visual, cientos de conductores pitando y, por si fuera poco, alguien gritando “Cójanlo que me robó”. Estresante ¿Cierto?.

Profundicemos. Hoy Neiva tiene más de 110 asentamientos, se calcula que cerca de 45.000 personas viven en ellos, muchas de las cuales están en hacinamiento. Así mismo, comunas como la 1, 2, 3, 4 y 7 se encuentran por debajo de la medida mínima (10 m2) de áreas verdes según la Organización Mundial de la Salud.

Paralelamente el personero de Neiva, Jerson Andrés Bastidas Vargas, publicó en agosto pasado el informe “Árboles en la ciudad: Un desafío para el desarrollo y seguridad de los neivanos”; allí nos informa la cruda realidad de nuestro componente arbóreo. Incluso, menciona que desde el año 2013, época en la que me desempeñé como Secretario de Medio Ambiente de Neiva, no se hace una actualización y mantenimiento de nuestra cobertura vegetal urbana.

Los efectos adversos que las altas temperaturas están causando sobre la salud humana, el bosque seco tropical y nuestro recurso hídrico, son preocupantes. Por esto es importante que en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial del municipio se incluya un agresivo componente de sostenibilidad ambiental.

De manera constructiva, sugiero desde ya que se retome el Plan de Cambio Climático Huila 2050; un valioso documento que fue realizado en el 2014 a través de una alianza entre la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena “CAM”, la Gobernación del Huila y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional “USAID”. El municipio de Neiva tuvo allí una valiosa participación.

Segundilla: Al cierre de estas líneas y ante las afectaciones ocurridas por lo incendios, la Alcaldía de Neiva evaluaba la posibilidad de decretar la calamidad pública. Esto demuestra la relevancia del tema aquí tratado.

Fuente: Diario La Nación