Rivercity Neiva 2027 una gran oportunidad-chicho rodriguez

Rivercity Neiva 2027: una gran oportunidad

Las ciudades intermedias son territorios en transición. No son las grandes metrópolis que todo lo absorben, ni los pequeños pueblos donde la vida transcurre sin prisa. Son espacios, como Neiva, donde todavía podemos mirarnos a los ojos, pero que ya enfrentan los retos de la economía moderna, la movilidad, la planeación urbana y el cuidado ambiental.

Salir de ese punto medio exige mucho más que buenas intenciones. Requiere visión para planear, coraje para decidir y determinación para ejecutar. Hoy Neiva debe elegir entre conformarse con lo existente o atreverse a construir un futuro que rompa las barreras del estancamiento.

Es hora de cambiarle la cara a la ciudad y reconocer que el agua es el punto de partida de nuestra transformación urbana. Recuperar y sanear nuestras cuencas no es solo una obligación ambiental, es una estrategia de desarrollo y de grandeza colectiva. Cada metro cuadrado bien planeado es un metro de igualdad, de oportunidades para nuestra gente y de nuevos ingresos para la ciudad.

Por eso Rivercity Global Forum representa mucho más que un encuentro internacional, es una plataforma para convertir la visión en proyectos concretos. Hace apenas unas semanas tuve el honor de participar como panelista en su más reciente edición y comprobar cómo, cuando el agua es el eje de la planeación, se desatan verdaderos motores de cambio social y económico.

Montería es prueba de ello. Gracias a este foro no solo atrajo turismo y puso los ojos del mundo sobre la ciudad, sino que también obtuvo el respaldo de organismos como el Banco de Desarrollo de América Latina ‘CAF’ y el Banco Interamericano de Desarrollo ‘BID’ para avanzar en proyectos estratégicos como el Parque de las Lagunas, el sistema de transporte fluvial Businú y una nueva fase de su emblemático malecón.

Neiva no puede quedarse atrás. Celebro, respaldo y me sumo, como ciudadano, a la propuesta del empresario Felipe Olave, con el acompañamiento de la Cámara de Comercio del Huila, para que en 2027 nuestra ciudad sea la sede del próximo Rivercity Global Forum.

Es una oportunidad histórica para impulsar una agenda de proyectos de alto impacto en nuestra ciudad, abrir las puertas a la financiación internacional y reconciliarnos, de una vez por todas, con nuestros ríos, quebradas, humedales y también con los cerros orientales que nos rodean.

Este es un desafío que nos convoca a todos: gobernantes, empresarios, academia, instituciones y ciudadanía. Hagamos de esta meta una causa común, para mostrarle al mundo que Neiva tiene la visión, la capacidad y la grandeza para convertirse en una verdadera Rivercity.

Fuente: Diario La Nación

Nuestro río exige grandeza-chicho rodriguez

Nuestro río exige grandeza

No lo digo desde la teoría. Hace unos días tuve el honor de representar a Neiva como panelista en el River City Global Forum en Montería, invitado por su alcalde Hugo Kerguelén y la organización. Allí confirmé algo sencillo pero contundente, lo que aquí vemos como imposible, en otros lugares ya es una realidad.

En el colegio nos enseñaron que el río Magdalena es motivo de orgullo y grandeza, esa lección se ha desvanecido entre la desidia y el conformismo. Neiva no puede seguir reduciendo su mirada a pequeñeces ni resignarse a una relación pasiva con su río.

Construir la Neiva que anhelamos significa entender que el urbanismo y el diseño de la ciudad pueden mantener las desigualdades o ayudar a corregirlas. Por eso, debemos asumir los espacios públicos como lugares para cerrar brechas y construir igualdad ciudadana. En últimas, un territorio donde las diferencias de ingreso y poder se reduzcan al compartir bienes públicos con dignidad.

Seamos claros, un Municipio con las finanzas debilitadas no puede seguir viendo el suelo como un activo improductivo o desperdiciado. Mientras no se entienda como una fuente legítima para fortalecer las arcas públicas, seguirá siendo gasolina para la desigualdad urbana, económica y social que asfixia a nuestra ciudad.

Si queremos cambiarle la cara a Neiva, ya es hora de usar los mecanismos de financiación que la ley nos da, más allá de seguir endeudándonos. Herramientas que le permitan al Municipio trabajar de la mano con el sector privado y sacar adelante las grandes obras que la ciudad necesita. Eso sí, con reglas claras y sostenibles.

Lo primero que tenemos que entender es que los proyectos con visión de ciudad no pueden estar atados al capricho del gobierno de turno. Son apuestas de largo plazo que deben trascender, solo así podremos construir igualdad a través de la integración urbana.

Con la gestión tan débil que tenemos, lo peor que podemos hacer es espantar al sector privado. Cada propuesta de inversión en grandes infraestructuras hay que mirarla con seriedad, aprovecharla y ponerla al servicio de la ciudad. Solo así podremos liberar recursos e invertir en lo realmente importante.

Neiva necesita nuevas capacidades y madurez institucional, no más de lo mismo. Es urgente implementar mecanismos financieros, técnicos y jurídicos que conviertan sueños en realidades. De esto opinaré en mi próximo artículo.

Es tiempo de sacar adelante proyectos que reconozcan la grandeza de nuestros ríos y los vean como motores de transformación urbana, no como simples límites a los que les damos la espalda. Insisto, “Es hora de cambiarle la cara a Neiva.”

Fuente: Diario La Nación

Neiva y el eterno debate del estadio-chicho rodriguez

Neiva y el eterno debate del estadio

La plata para la construcción de un nuevo estadio en Neiva sí estaba. Si revisamos las cifras, el Concejo aprobó en diciembre de 2024 un crédito por 80 mil millones de pesos a la administración Casagua. Esta semana, con alta probabilidad, se aprobarán otros 28 mil millones, lo que sumaría 108 mil millones de pesos. Y si añadimos los 28 mil millones que aporta la Gobernación, llegaríamos a 136 mil millones.

La conclusión es inevitable, la plata estaba. El problema ha sido, más bien, la falta de planeación y la incapacidad de establecer prioridades como ciudad. Estudios de mercado calculan -hoy- que la construcción de un nuevo estadio para 15 mil personas, aproximadamente, podría costar unos 130 mil millones de pesos.

La mejor manera de honrar lo que representa el Atlético Huila y, sobre todo, su hinchada, habría sido esa, priorizar y ejecutar. La planeación es, quizá, la herramienta más poderosa para construir ciudades sostenibles, es la manera de darle sentido al crecimiento urbano.

El informe que entregó la Universidad Nacional de Manizales advierte, una vez más, el deterioro estructural del escenario y la poca funcionalidad de todas sus tribunas, por lo que intervenir el estadio es una necesidad inaplazable. Sin embargo, la pregunta es si esta intervención se enmarca en una verdadera planeación urbana o si se trata de una decisión que difícilmente se articulará con otros proyectos estratégicos de ciudad.

Neiva no puede seguir repitiendo la historia de invertir miles de millones en obras que, aunque necesarias, carecen de visión de conjunto. El estadio es importante, pero lo será aún más si hace parte de una estrategia urbanística que integre deporte, recreación, cultura, movilidad y desarrollo económico. De lo contrario, corremos el riesgo de que esta millonaria inversión sea un episodio más de improvisación, sin la capacidad de convertirse en motor de transformación urbana.

Invito a los concejales a evaluar la conveniencia de seguir comprometiendo recursos en una visión de ciudad tan fragmentada. Existen alternativas para un nuevo estadio. No me opongo al desarrollo ni a los créditos públicos, los considero herramientas legítimas siempre que se usen con planeación y visión estratégica.

Propongo a la administración municipal, a los concejales y a los constructores agrupados en Camacol y otras empresas a que pensemos en grande. Es posible estructurar un proyecto ambicioso y realizable, que no solo resuelva el problema del estadio, sino que impulse una verdadera renovación urbana en este sector,  una de las zonas con mayor potencial de nuestra ciudad.

Es hora de cambiarle la cara a Neiva.

Fuente: Diario La Nación

Causas que trascienden gobiernos-chicho rodriguez

Causas que trascienden gobiernos

Una de las formas más sólidas de construir ciudadanía es ejercer el servicio público con responsabilidad y transparencia. Cuando la función pública se asume con seriedad, se fortalece el respeto por las instituciones y se edifica una sociedad más justa, cohesionada y solidaria.

Por esto resulta esencial que quienes ocupan cargos públicos comprendan el profundo compromiso que implica administrar los recursos del Estado. Más allá de los títulos y funciones, su tarea consiste en interpretar la realidad y tomar decisiones eficientes con resultados tangibles.

En ese contexto, recibí con gran satisfacción la reciente decisión de la Superintendencia Financiera de Colombia de otorgar vigilancia especial al Instituto de Fomento para el Desarrollo del Huila – INFIHUILA.

Este logro no fue producto del azar. Es el resultado de un proceso institucional que ha trascendido gobiernos, intereses políticos y ciclos electorales desde el año 2016. Un camino que ha requerido superar obstáculos internos por parte de quienes se aferraban al pasado. Afortunadamente, la determinación y visión permitieron que esa transformación avanzara.

Tuve el honor de gerenciar este proceso en uno de los momentos más críticos para el Instituto, los años 2020, 2021 y 2022, en plena pandemia del COVID-19. Fueron tiempos difíciles. El presupuesto de ingresos cayó drásticamente por la disminución de las tasas de interés, el cierre de los terminales de transporte y la ausencia de utilidades por parte de la Electrificadora del Huila, empresas en las que INFIHUILA posee una participación accionaria importante.

Ante ese panorama, junto con un valioso equipo humano, adoptamos medidas de austeridad y eficiencia. Con sentido de responsabilidad reconvertimos activos improductivos en liquidez, actuamos con rigor frente a las operaciones de crédito y transformamos los fondos especiales en fuentes diversificadas de ingreso que hoy siguen generando resultados. Todo esto permitió proteger el patrimonio institucional.

Gracias a estas acciones, en 2021, INFIHUILA recibió la calificación AA con perspectiva positiva, la más alta otorgada hasta ese momento a una entidad pública del orden departamental. Esa calificación fue fundamental para allanar el camino hacia la vigilancia especial que hoy celebramos.

Este nuevo estatus posiciona a INFIHUILA como un verdadero banco de segundo piso y un aliado estratégico para financiar los planes de desarrollo de nuestros municipios y del departamento.

Lo sucedido con INFIHUILA demuestra que las políticas públicas no deben estar al servicio de los gobiernos de turno, sino de una causa superior, el progreso colectivo.

Cierro estas líneas con un reconocimiento al actual gobierno departamental, a la familia INFIHUILA, a su gerente y al extraordinario equipo humano que perseveró con compromiso hasta alcanzar este logro.

Fuente: Diario La Nación

Neiva, una ciudad que no resuelve-chicho rodriguez

Neiva, una ciudad que no resuelve

Neiva carga con un peso que no es solo histórico, sino profundamente cultural. Llevamos décadas repitiendo los mismos problemas, como si estuviéramos condenados a dar vueltas en círculo. Aquí, el tiempo pasa, cambian los gobernantes, cambian incluso las generaciones, pero no cambian los debates, ni los vacíos que nos frenan como ciudad.

La planeación no es solo un ejercicio técnico ni una obligación legal, es, ante todo, una expresión profunda de amor por la tierra que habitamos. Planificar bien un territorio significa dotarlo de identidad, fortalecer su tejido social, generar sentido de pertenencia y construir ciudadanía.

Cuando la planificación se hace con rigor, los beneficios son inmensos, calles ordenadas, movilidad eficiente, espacios públicos vibrantes, economía fortalecida, cultura viva, servicios de calidad, entre otros. Pero cuando la planificación brilla por su ausencia, los costos son igual de profundos. Lo que mal se piensa, mal se hace; y lo que mal se hace, se paga caro.

Y ahí está Neiva, atrapada en ese lugar. En las últimas semanas, volvió a resurgir el debate sobre Surabastos y Mercaneiva, un proyecto que merece toda la solidaridad y apoyo, pero que ha sido objeto de polémica desde su planeación original, marcada principalmente por las dificultades de acceso para el transporte público y las distancias con diferentes comunas de nuestra ciudad.

Hoy, estos importantes proyectos enfrentan una nueva amenaza, la incertidumbre por la no construcción de una glorieta por parte del concesionario de la Ruta 45. Mi reconocimiento sincero a los empresarios del campo y a sus directivos, quienes durante más de tres décadas han resistido con una tenacidad admirable, como pocos lo han hecho.

Paralelamente, las recientes inundaciones del río Magdalena en diferentes barrios de Neiva revivieron los viejos fantasmas sobre el diseño, el lote y la construcción de la PTAR. Y como si el tiempo se congelara, Neiva sigue revolcándose en las mismas dificultades: comuneros, escombreras, falta de cultura ciudadana, un POT que no avanza y una renovación urbana que se clama a gritos, entre otros. Sin mencionar la crisis en las finanzas públicas de la ciudad.

Quizá ha llegado el momento de detenernos. De hacer una pausa sincera, colectiva, para preguntarnos qué ciudad queremos planear y legar a quienes vienen detrás. Neiva no puede seguir condenada a tropezar con las mismas piedras una y otra vez.

Planear no es tarea exclusiva de los gobiernos, empieza también en cada decisión y en cada acto de ciudadanía. Neivanos, el futuro y la transformación de nuestra ciudad no será distinta si nosotros, sus ciudadanos, no somos distintos.

Fuente: Diario La Nación

¿Copiar o innovar-chicho rodriguez

¿Copiar o innovar?

“Huila no es el nuevo eje cafetero. Huila es el corazón del café”.

Esa frase, pronunciada por Germán Bahamón -gerente de la Federación Nacional de Cafeteros- durante el foro conmemorativo de los 120 años de nuestro departamento, no solo es una verdad poderosa, es un llamado urgente a despertar. A reconocernos. A creérnosla.

Una expresión pujante, que no solo comparto, sino que me provocó una serie de reflexiones sobre la necesidad que tenemos como región de asumir, proteger y proyectar con orgullo nuestra identidad. No se trata de parecernos a otros, sino de ser lo que auténticamente somos, una tierra con historia, vocación y potencial único.

Cuando Apple lanzó el iPhone, no intentó parecerse a BlackBerry. Apostó por crear algo distinto, único. Y esa decisión transformó el mundo y la historia de las comunicaciones.

Nike tampoco se hizo grande copiando a Adidas. Arriesgó por su esencia, por su autenticidad. Y fue esa valentía la que los llevó a firmar con Michael Jordan, el mejor basquetbolista de todos los tiempos. Ese solo movimiento desató una revolución comercial y deportiva sin precedentes; hoy, sigue generando miles de millones de dólares.

Los huilenses -y especialmente los neivanos— tenemos que entender que nuestra mayor riqueza está en lo que somos, no en lo que intentamos parecer. Tenemos tradición, arraigo y carácter. No necesitamos replicar fórmulas ajenas, porque aquí ya hay materia prima de sobra: café, cacao, pescado, frutas, cultura… identidad.

Insisto, Neiva, nuestra capital, tiene que comenzar a actuar en coherencia con esa identidad. Tenemos que conectar de manera urgente nuestro tejido empresarial con las fortalezas productivas del departamento. Nuestra ciudad debe ser la plataforma de transformación y generación de valor agregado de ese potencial. Solo así empezaremos a construir un modelo real de progreso.

Neiva tiene que asumir el rol que le corresponde. La capital del Huila no puede ser solo el centro administrativo. Tiene que convertirse en el corazón industrial y comercial del “corazón del café”. Y no solo del café. También del cacao, del pescado, de nuestras frutas, de nuestro turismo, etc.

No, no es una locura imaginar una Neiva con plantas de innovación, con centros logísticos, con universidades e institutos técnicos que respondan a las verdaderas necesidades del territorio, con empresarios e inversionistas comprometidos, con políticas claras que les garanticen seguridad y rentabilidad.

Esto no es un sueño. Es un propósito legítimo y posible. Pensar en grande y actuar con visión es la única forma de transformar nuestra realidad. Porque las regiones que crecen no son las que imitan. Son las que se reconocen, se organizan y se atreven.

Fuente: Diario La Nación

Neiva, 413 años, ¿y qué celebramos-chicho rodriguez

Neiva, 413 años, ¿y qué celebramos?

Este 24 de mayo, Neiva celebrará 413 años de su fundación. Como cada año, y por mero protocolo, ondearán las banderas, habrá ofrendas florales, estallarán fuegos artificiales y, por supuesto, se entregarán condecoraciones.

La pregunta que inevitablemente surge es si celebramos la fecha de nuestra fundación o, los años de avance que, como sociedad, desde aquella época, hemos tenido.

Entonces, qué sentido tiene celebrar la edad de una ciudad cuando muchas de sus heridas siguen abiertas y se profundizan porque sus autoridades y habitantes continúan divididos entre la indiferencia y la frustración…Si lo hacemos por simple rutina, se entiende; pero si creemos que todo está bien, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos.

No. No se trata de apagar las velas ni de silenciar el himno. Se trata de detenernos un momento, con la mayor sinceridad posible, a reflexionar sobre cuán equivocados estamos en la manera como estamos concibiendo y construyendo nuestra ciudad.

Quizás, si nos diéramos ese permiso de conciencia, concluiríamos algo doloroso, que en muchas cosas estábamos mejor hace 412 años. Al menos, en ese entonces, había una victoria, había una esperanza. Hoy, en lugar de avanzar, retrocedemos. Nos envuelve la desidia institucional, el egoísmo cívico y la pérdida casi total de nuestra identidad y del sentido de comunidad.

No quiero ser aguafiestas ni pretendo arruinar las celebraciones de unos pocos. Pero esta es la realidad. Si hablamos de conquistas contemporáneas, hoy, Neiva no tiene nada —absolutamente nada— para celebrar. La ciudad no es ni la sombra de lo que podría ser. Y lo más grave es que nos acostumbramos al letargo, a la mediocridad, al “así nos tocó” o “eso es lo que hay”.

Lo más grave de todo es que se volvió hábito olvidar rápidamente la responsabilidad de los verdaderos culpables y de sus aliados en el desastre de ciudad que hoy tenemos.

Eso sí, aplausos, con fuerza, para quienes sí dignificaron el nombre de Neiva y la proyectaron más allá de sus fronteras. Ellos sí construyeron ciudad.

Aplausos sinceros, también, para esa generación de familias que apostaron por la industria y la generación de empleo y riqueza en nuestra ciudad. Aplausos para esas mujeres, madres, jóvenes y aquellos neivanos que con honestidad y su sudor siguen moviendo la economía de una ciudad que, lamentablemente, aún no les retribuye como merecen.

Conclusión, a los 413 años, Neiva necesita menos discursos conmemorativos y más debates profundos. Necesita menos promesas y más realizaciones concretas. Menos desobediencia y más ciudadanía. Menos autoridad, más ejemplo y más servicio.

¡Tal vez no es tiempo de celebrar sino de reflexionar!

Fuente: Diario La Nación

Neiva, lejos de ser una ciudad intermodal-chicho rodriguez

Neiva, lejos de ser una ciudad intermodal

Una ciudad intermodal brinda a sus habitantes la posibilidad de desplazarse de manera segura, eficiente y sostenible. Caminar, usar la bicicleta, tomar el bus o conectarse fácilmente con otros sistemas de transporte forman parte de esta dinámica. Cuando así sucede, la ciudad se vuelve más humana.

La intermodalidad, además, tiene impactos directos en la salud pública y en el medio ambiente al promover estilos de vida activos. También, tiene una dimensión económica clave. Los sistemas de transporte integrados dinamizan el comercio local, reducen costos logísticos y atraen inversión.

¿Qué pasaría si Neiva fuera realmente una ciudad intermodal? ¿Cómo cambiaría nuestra forma de movernos, de vivir o de relacionarnos entre nosotros o con el espacio urbano, ambiental y paisajístico que tenemos?

Esta, es la visión hacia la cual apuntan muchas ciudades en el mundo -incluso las más pequeñas- un modelo de movilidad que reduce el caos vial, mejora la calidad del aire y facilita el acceso a oportunidades para todos.

Hoy, sin embargo, Neiva enfrenta una realidad distinta. La ciudad presenta una movilidad fragmentada, sin cultura y con pocas alternativas sostenibles. La infraestructura está fea, deteriorada e insuficiente. Es la realidad, quieran verla o no.

No es posible que zonas de nuestra periferia no estén interconectadas con el centro de la ciudad. Esto solo alimenta la dependencia del transporte informal. Neiva, lejos de avanzar hacia una movilidad inteligente y sostenible, parece estancada en un modelo obsoleto, excluyente, y al parecer, inviable.

En este contexto, resulta responsable abrir un debate serio sobre el papel del Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP) en la construcción de la ciudad intermodal que Neiva necesita.

Aunque el SETP fue concebido como una estrategia para modernizar el transporte público y mejorar la movilidad en la ciudad, su implementación, pese a importantes avances en infraestructura como viaductos y la optimización de algunas vías principales, enfrenta hoy crecientes amenazas de inviabilidad operativa, técnica y financiera que lo alejan de su objetivo inicial.

Una planificación de transporte con visión de largo plazo no puede centrarse únicamente en buses y vías. Debe pensar en conectividad, en inclusión, en sostenibilidad. Requiere articular el transporte con el ordenamiento territorial, con la planificación ambiental, social y con el desarrollo económico, integrando incluso, al río Magdalena que pasa por nuestra ciudad como un eje natural y estratégico para la movilidad.

En última instancia, la intermodalidad no es un lujo ni una utopía, es una necesidad urgente que requiere planeación y ejecución. La pregunta no es si podemos hacerlo, sino cuánto más estamos dispuestos a perder si no lo hacemos.

Fuente: Diario La Nación

Molino Roa, la cosecha de un sueño-chicho rodriguez

Molino Roa, la cosecha de un sueño

Cuando un proyecto empresarial se articula con la fortaleza productiva de una región, no solo garantiza su viabilidad, sino que multiplica su impacto con el desarrollo económico y social de la población que habita en ese entorno.

Esto fue justamente lo que entendieron en 1967 los hermanos Rafael, Hernando y Aníbal Roa, quienes visionaron que algunos de los municipios del norte del Huila compartían una vocación hacia el cultivo del arroz; entre ellos, Neiva, Campoalegre, Hobo, Palermo y Aipe. Desde esa comprensión, nació una de las empresas más emblemáticas del sur colombiano, Molinos Roa S.A.

Los hermanos Roa, comprendieron que cultivar arroz era apenas el primer eslabón de una cadena que tenía el potencial de generar mucho más que cosechas. Por ello, entendieron que era indispensable dar el paso hacia la industrialización del cultivo y permitir así la transformación de la materia prima, generando valor agregado y mejorando la productividad; una decisión que cambiaría para siempre la historia agroindustrial del Huila.

Fue así como, hacia 1968, los hermanos Roa decidieron construir su primer molino en el kilómetro 3 de la vía que en ese entonces conectaba a Neiva con Campoalegre, en lo que hoy conocemos como la zona industrial sur de la ciudad. Allí comenzó a operar el primer molino, con una capacidad de trilla de apenas 35 bultos por hora y menos de 20 empleos directos.

Hoy, más de medio siglo después, el Molino Roa genera solo en Neiva más de 900 empleos directos, y su presencia nacional se ha extendido con nueve plantas en todo el país, alcanzando una cifra cercana a los 1.600 empleos directos. A ello se suman más de 20.000 transportadores que mueven arroz y subproductos a lo largo del territorio nacional.

Además, producto de su actividad económica, el Molino Roa genera importantes ingresos tributarios para el municipio de Neiva. Estos recursos, que ingresan al presupuesto local, son invertidos en programas sociales, obras de infraestructura y servicios que benefician directamente a todos los neivanos.

Este ejemplo demuestra que solo los territorios que entienden la necesidad de industrializarse y transformar sus cadenas productivas pueden aspirar a un desarrollo sostenible. Apostar por el valor agregado no es una opción, es una necesidad urgente para avanzar hacia la generación de riqueza y bienestar colectivo.

Sea esta la ocasión para rendir homenaje a la memoria de Aníbal Roa Villamil. Neiva y el Huila necesitan hoy una nueva generación de empresarios que, como él, crean en el potencial de nuestra fortaleza productiva y la conviertan en motor de progreso para todos. Paz en su tumba.

Fuente: Diario La Nación

El Caguán peregrino-chicho rodriguez

El Caguán peregrino

A pesar de las limitaciones sociales y de infraestructura que aún enfrenta, el corregimiento de El Caguán, ubicado en el suroriente de Neiva y con más de cuatro siglos de historia, ha venido construyendo en los últimos años una nueva narrativa basada en el aprovechamiento responsable de sus fortalezas culturales, paisajísticas y religiosas.

Las veredas El Triunfo, El Chapuro y San Bartolo son ejemplo de ello. Allí, diversas expresiones de turismo se entrelazan, permitiendo que visitantes de diferentes sectores lleguen al corregimiento atraídos por su riqueza natural y su legado espiritual. Senderismo, deporte, ecología, gastronomía local y avistamiento de aves se combinan con actividades religiosas, generando una oferta integral que beneficia directamente a las comunidades.

Un símbolo central de esta vocación es el templo de San Roque, declarado Patrimonio Arquitectónico del Huila en 1992, que se ha convertido en destino de peregrinación y punto de encuentro para la fe y el desarrollo. En la actualidad, el turismo religioso en torno a San Roque no solo preserva la memoria y la fe del pueblo, sino que representa una fortaleza económica con posibilidades y resultados tangibles.

El origen de esta tradición se remonta al año 1690, cuando una epidemia de viruela diezmó a la población indígena del corregimiento. Según los relatos, en medio de esa tragedia se apareció la figura de San Roque, el santo protector contra las pestes. En esa época, el territorio pasó a llamarse “San Roque de El Caguán”.

El sábado anterior, en el marco del Jubileo de la Esperanza celebrado por la Iglesia Católica, se llevó a cabo una multitudinaria peregrinación -más de 5.000 personas- al templo de San Roque. La actividad fue organizada por la Diócesis de Neiva y liderada por el Obispo, Monseñor Marco Antonio Merchán Ladino y la administración municipal. En ella, participaron miles de feligreses, familias, sacerdotes y comunidades apostólicas, demostrando que la fe también puede convertirse en motor de unión y desarrollo.

Además del valor espiritual, este tipo de eventos podrían impulsar el progreso de El Caguán. A manera de recomendación, sugiero que los servicios de logística, alimentación, transporte, ventas de productos típicos y servicios turísticos se activen con mayor fuerza en torno a estas peregrinaciones. Es un ejemplo claro de cómo el turismo religioso debe ser visto como una vocación productiva estratégica para el corregimiento.

Resulta esencial, también, reconocer el rol de la comunidad en la organización y promoción de estas manifestaciones religiosas. Su participación activa asegura la sostenibilidad de estos eventos y abre la posibilidad de consolidar una ruta propia hacia el progreso, basada en el sentido de pertenencia y el trabajo colectivo.

Fuente: Diario La Nación