La plata para la construcción de un nuevo estadio en Neiva sí estaba. Si revisamos las cifras, el Concejo aprobó en diciembre de 2024 un crédito por 80 mil millones de pesos a la administración Casagua. Esta semana, con alta probabilidad, se aprobarán otros 28 mil millones, lo que sumaría 108 mil millones de pesos. Y si añadimos los 28 mil millones que aporta la Gobernación, llegaríamos a 136 mil millones.
La conclusión es inevitable, la plata estaba. El problema ha sido, más bien, la falta de planeación y la incapacidad de establecer prioridades como ciudad. Estudios de mercado calculan -hoy- que la construcción de un nuevo estadio para 15 mil personas, aproximadamente, podría costar unos 130 mil millones de pesos.
La mejor manera de honrar lo que representa el Atlético Huila y, sobre todo, su hinchada, habría sido esa, priorizar y ejecutar. La planeación es, quizá, la herramienta más poderosa para construir ciudades sostenibles, es la manera de darle sentido al crecimiento urbano.
El informe que entregó la Universidad Nacional de Manizales advierte, una vez más, el deterioro estructural del escenario y la poca funcionalidad de todas sus tribunas, por lo que intervenir el estadio es una necesidad inaplazable. Sin embargo, la pregunta es si esta intervención se enmarca en una verdadera planeación urbana o si se trata de una decisión que difícilmente se articulará con otros proyectos estratégicos de ciudad.
Neiva no puede seguir repitiendo la historia de invertir miles de millones en obras que, aunque necesarias, carecen de visión de conjunto. El estadio es importante, pero lo será aún más si hace parte de una estrategia urbanística que integre deporte, recreación, cultura, movilidad y desarrollo económico. De lo contrario, corremos el riesgo de que esta millonaria inversión sea un episodio más de improvisación, sin la capacidad de convertirse en motor de transformación urbana.
Invito a los concejales a evaluar la conveniencia de seguir comprometiendo recursos en una visión de ciudad tan fragmentada. Existen alternativas para un nuevo estadio. No me opongo al desarrollo ni a los créditos públicos, los considero herramientas legítimas siempre que se usen con planeación y visión estratégica.
Propongo a la administración municipal, a los concejales y a los constructores agrupados en Camacol y otras empresas a que pensemos en grande. Es posible estructurar un proyecto ambicioso y realizable, que no solo resuelva el problema del estadio, sino que impulse una verdadera renovación urbana en este sector, una de las zonas con mayor potencial de nuestra ciudad.
Es hora de cambiarle la cara a Neiva.
Fuente: Diario La Nación

