Los parques son mucho más que zonas verdes o espacios de descanso. Son el corazón de una ciudad, los lugares donde todos, sin importar edad o condición alguna, podemos encontrarnos y sentir que pertenecemos a una misma identidad.
Por eso no podemos seguir viéndolos como bloques de cemento, o como estructuras grises solo para cumplir con ciertos estándares. Un parque es, en esencia, un escenario para compartir y reconocernos como ciudadanos.
En Neiva tenemos, por ejemplo, el malecón sobre el río Magdalena, las rondas de los ríos Las Ceibas y del Oro, el humedal El Curíbano, el Jardín Botánico y cientos de parques comunitarios que sostienen la vida de nuestros barrios. Lamentablemente, muchos de ellos están descuidados u olvidados.
Afortunadamente, también hay señales de esperanza. El fin de semana pasado lo vivimos con TRAZZO, una feria de arte que llenó de vida un espacio público renovado y bien cuidado gracias al esfuerzo del sector privado. Ese lugar, el parque del barrio Sevilla, se convirtió en el escenario perfecto para que la ciudad respirara cultura, creatividad y convivencia.
Fue emocionante ver a tantas familias compartiendo en un espacio seguro, limpio y bonito. Más de 30 artistas -pintores, escultores, músicos, teatreros- y la magia de nuestra gastronomía transformaron el ambiente. Durante dos días, Neiva se sintió como la ciudad que todos soñamos, alegre, creativa y orgullosa de lo suyo.
Hace apenas un mes, otro escenario público de nuestra ciudad se vistió de fiesta, el malecón del río Magdalena fue el epicentro de una nueva versión del Festival Gastronómico A la Carta. Allí, la cultura, la cocina y la música se unieron para demostrar que Neiva tiene la capacidad de convocar familias enteras alrededor de experiencias que nos recuerdan el valor de compartir en comunidad.
Soñemos con que otros espacios de nuestra ciudad, como el parque del Curíbano o el Jardín Botánico, también puedan convertirse en escenarios vivos para la ciudadanía. Imaginemos actividades y eventos que nos inspiren a conservar nuestros humedales, a promover un crecimiento urbano sostenible y respetuoso con los activos ambientales que hacen única a Neiva.
Qué valioso sería que experiencias como la feria de arte TRAZZO, y otras ya vividas en nuestra ciudad, dejaran de ser esporádicas para convertirse en permanentes. Y, por qué no, llevar estas iniciativas a los barrios que anhelan renacer, transformando espacios hoy deprimidos en verdaderos motores de esperanza y encuentro ciudadano.
Neiva merece parques vivos, cargados de identidad, que nos inspiren a soñar y sean motor de transformación y construcción ciudadana. Es hora de cambiarle la cara a Neiva.
Fuente: Diario La Nación

