Nuestro río exige grandeza-chicho rodriguez

Nuestro río exige grandeza

No lo digo desde la teoría. Hace unos días tuve el honor de representar a Neiva como panelista en el River City Global Forum en Montería, invitado por su alcalde Hugo Kerguelén y la organización. Allí confirmé algo sencillo pero contundente, lo que aquí vemos como imposible, en otros lugares ya es una realidad.

En el colegio nos enseñaron que el río Magdalena es motivo de orgullo y grandeza, esa lección se ha desvanecido entre la desidia y el conformismo. Neiva no puede seguir reduciendo su mirada a pequeñeces ni resignarse a una relación pasiva con su río.

Construir la Neiva que anhelamos significa entender que el urbanismo y el diseño de la ciudad pueden mantener las desigualdades o ayudar a corregirlas. Por eso, debemos asumir los espacios públicos como lugares para cerrar brechas y construir igualdad ciudadana. En últimas, un territorio donde las diferencias de ingreso y poder se reduzcan al compartir bienes públicos con dignidad.

Seamos claros, un Municipio con las finanzas debilitadas no puede seguir viendo el suelo como un activo improductivo o desperdiciado. Mientras no se entienda como una fuente legítima para fortalecer las arcas públicas, seguirá siendo gasolina para la desigualdad urbana, económica y social que asfixia a nuestra ciudad.

Si queremos cambiarle la cara a Neiva, ya es hora de usar los mecanismos de financiación que la ley nos da, más allá de seguir endeudándonos. Herramientas que le permitan al Municipio trabajar de la mano con el sector privado y sacar adelante las grandes obras que la ciudad necesita. Eso sí, con reglas claras y sostenibles.

Lo primero que tenemos que entender es que los proyectos con visión de ciudad no pueden estar atados al capricho del gobierno de turno. Son apuestas de largo plazo que deben trascender, solo así podremos construir igualdad a través de la integración urbana.

Con la gestión tan débil que tenemos, lo peor que podemos hacer es espantar al sector privado. Cada propuesta de inversión en grandes infraestructuras hay que mirarla con seriedad, aprovecharla y ponerla al servicio de la ciudad. Solo así podremos liberar recursos e invertir en lo realmente importante.

Neiva necesita nuevas capacidades y madurez institucional, no más de lo mismo. Es urgente implementar mecanismos financieros, técnicos y jurídicos que conviertan sueños en realidades. De esto opinaré en mi próximo artículo.

Es tiempo de sacar adelante proyectos que reconozcan la grandeza de nuestros ríos y los vean como motores de transformación urbana, no como simples límites a los que les damos la espalda. Insisto, “Es hora de cambiarle la cara a Neiva.”

Fuente: Diario La Nación