En todas las sociedades del mundo, conservar las tradiciones no es una simple repetición de costumbres, es una apuesta por la memoria, por el arraigo, por la construcción de identidad colectiva. Proteger el patrimonio histórico y cultural es también una forma de educar y transformar ciudadanos.
En ese sentido, el Festival del Bambuco en San Juan y San Pedro no es solo una temporada de alegría, es la máxima expresión de nuestro legado como huilenses. Es la oportunidad que tenemos, como pueblo, de contarle a Colombia y al mundo quiénes somos.
Por esto, vale la pena hacernos una pregunta ¿Estamos preparados, como ciudadanos, para vivir de nuevo estas fiestas? No se trata únicamente de organizar desfiles o conciertos, sino de vivir el festival con orgullo y altura. De demostrar que sí podemos comportarnos como una sociedad que ha madurado y que sabe recibir al visitante con amabilidad y decoro.
Y duele decirlo, pero año tras año los ejemplos de mal comportamiento empañan lo que debería ser una celebración ejemplar. Los hechos lamentables que han opacado algunos eventos recientes no pueden convertirse en la norma. No es corriente que la violencia empañe la fiesta. No es justo que una celebración tan hermosa se convierta en excusa para desatar lo peor de nuestro comportamiento.
Tampoco se trata de responsabilizar simplemente a la Alcaldía, a la Policía o las diferentes entidades o instituciones, sino de mirarnos como sociedad ¿Por qué no somos capaces de gestionar nuestras diferencias sin necesidad de agredir al otro? ¿Por qué cuesta tanto celebrar sin violentar?
Neivanos, los primeros llamados a dar ejemplo somos nosotros. No se trata solo de ser buenos anfitriones por turismo sino por convicción. El respeto, la empatía y la decencia también hacen parte del patrimonio que queremos legar. Cada saludo amable, cada gesto honesto, cada acción solidaria construye confianza, refuerza el tejido social y transforma la experiencia de quienes nos visitan.
¡Sí! cuidar al turista, respetarnos entre nosotros, evitar los abusos, mantener la ciudad limpia, cobrar lo justo, saludar con una sonrisa… también es folclor y cultura. Y es quizás la forma más poderosa de mostrarle al mundo que Neiva y el Huila no solo tienen una fiesta hermosa, sino una ciudadanía que la respalda y la engrandece.
En estas fiestas, el buen comportamiento ciudadano no se decreta, se ejerce. La cultura, la hospitalidad y el respeto nacen del corazón de la gente. Este San Pedro, tenemos la responsabilidad de demostrar que Neiva no solo baila bonito, sino que sabe convivir, acoger y celebrar con altura ¡Hagámoslo!
Fuente: Diario La Nación
