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Neiva, lejos de ser una ciudad intermodal

Una ciudad intermodal brinda a sus habitantes la posibilidad de desplazarse de manera segura, eficiente y sostenible. Caminar, usar la bicicleta, tomar el bus o conectarse fácilmente con otros sistemas de transporte forman parte de esta dinámica. Cuando así sucede, la ciudad se vuelve más humana.

La intermodalidad, además, tiene impactos directos en la salud pública y en el medio ambiente al promover estilos de vida activos. También, tiene una dimensión económica clave. Los sistemas de transporte integrados dinamizan el comercio local, reducen costos logísticos y atraen inversión.

¿Qué pasaría si Neiva fuera realmente una ciudad intermodal? ¿Cómo cambiaría nuestra forma de movernos, de vivir o de relacionarnos entre nosotros o con el espacio urbano, ambiental y paisajístico que tenemos?

Esta, es la visión hacia la cual apuntan muchas ciudades en el mundo -incluso las más pequeñas- un modelo de movilidad que reduce el caos vial, mejora la calidad del aire y facilita el acceso a oportunidades para todos.

Hoy, sin embargo, Neiva enfrenta una realidad distinta. La ciudad presenta una movilidad fragmentada, sin cultura y con pocas alternativas sostenibles. La infraestructura está fea, deteriorada e insuficiente. Es la realidad, quieran verla o no.

No es posible que zonas de nuestra periferia no estén interconectadas con el centro de la ciudad. Esto solo alimenta la dependencia del transporte informal. Neiva, lejos de avanzar hacia una movilidad inteligente y sostenible, parece estancada en un modelo obsoleto, excluyente, y al parecer, inviable.

En este contexto, resulta responsable abrir un debate serio sobre el papel del Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP) en la construcción de la ciudad intermodal que Neiva necesita.

Aunque el SETP fue concebido como una estrategia para modernizar el transporte público y mejorar la movilidad en la ciudad, su implementación, pese a importantes avances en infraestructura como viaductos y la optimización de algunas vías principales, enfrenta hoy crecientes amenazas de inviabilidad operativa, técnica y financiera que lo alejan de su objetivo inicial.

Una planificación de transporte con visión de largo plazo no puede centrarse únicamente en buses y vías. Debe pensar en conectividad, en inclusión, en sostenibilidad. Requiere articular el transporte con el ordenamiento territorial, con la planificación ambiental, social y con el desarrollo económico, integrando incluso, al río Magdalena que pasa por nuestra ciudad como un eje natural y estratégico para la movilidad.

En última instancia, la intermodalidad no es un lujo ni una utopía, es una necesidad urgente que requiere planeación y ejecución. La pregunta no es si podemos hacerlo, sino cuánto más estamos dispuestos a perder si no lo hacemos.

Fuente: Diario La Nación

Neiva ¿Una ciudad sin ciudadanos-chicho rodriguez

Neiva ¿Una ciudad sin ciudadanos?

Neiva, más que una ciudad, parece hoy una simple aglomeración de personas que conviven, sin una identidad, como habitantes dentro de un mismo territorio.

El irrespeto por el otro, por las normas básicas de convivencia —desde las de tránsito hasta las urbanísticas— generan un desorden progresivo que ha menoscabado nuestra vida en comunidad. El clima cálido también nos impone retos diarios, pero cuando se suman la indiferencia, la intolerancia y el caos, la ciudad se convierte en un espacio hostil.

La teoría de «Las Ventanas Rotas» sostiene que cuando se toleran pequeñas señales de deterioro, como basura en las calles, fachadas descuidadas, espacios verdes o árboles abandonados, entre otros, se fomenta un espiral de degradación urbana y social. 

No basta con exigir a las autoridades soluciones inmediatas; es necesario un compromiso colectivo para transformar la mentalidad ciudadana. La cultura cívica debe construirse desde el respeto por las normas, el sentido de pertenencia y la corresponsabilidad en el mantenimiento del entorno y el civismo.

En Neiva, la corrupción también ha fragmentado el respeto hacia la identidad de la ciudad. Diferentes escándalos han erosionado, año tras año, la confianza ciudadana en las instituciones locales. Esta desconfianza debilita el sentido de pertenencia de los habitantes con su territorio.

Además, la falta de liderazgo efectivo para abordar los problemas históricos de Neiva ha perpetuado situaciones como obras inconclusas y proyectos mal gestionados. La ausencia de una dirección clara y comprometida impide el progreso y la resolución de estos desafíos.

La carencia de iniciativas que inspiren y motiven a la ciudadanía a respaldar a las administraciones locales ha generado apatía y desinterés en la participación cívica. Sin proyectos transformadores que conecten con las aspiraciones de la comunidad, es difícil fomentar un sentido de propósito compartido en el desarrollo urbano.

Otro aspecto fundamental es el respeto por el paisaje. La contaminación visual, generada por vallas publicitarias en exceso, el vandalismo y una inadecuada planificación del espacio, afecta la percepción de la ciudad y deteriora su estética. Un entorno visualmente armonioso no solo contribuye al bienestar ciudadano, sino que también fortalece la identidad cultural.

Iniciativas como la campaña #NeivaAceptoElReto -promovida por esta casa editorial- son una oportunidad para revertir esta crisis de identidad ciudadana.

Neiva necesita ciudadanos que entiendan que el desarrollo urbano no depende solo de la infraestructura, sino de la voluntad de quienes la habitan. Rescatar los espacios públicos, cumplir con las normas de convivencia y promover el sentido de comunidad son pasos importantes para romper el ciclo de autodestrucción que hoy se impuso en nuestra sociedad.