La paciencia social se agotó y la gente ya no aguanta más bloqueos. Por esto, resultó irónico escuchar a la Ministra de Agricultura afirmar que “no se sentaría a negociar con los arroceros mientras no levantaran los bloqueos”; paradójicamente este gobierno llegó al poder impulsado por las movilizaciones sociales y los bloqueos como herramienta política. Hoy, esa misma dialéctica los golpea de frente.
Por otro lado, sería un error quedarnos solo en la crítica coyuntural. El paro que sacude hoy a Colombia es el reflejo de un problema estructural que acumuló promesas incumplidas, sobreproducción, contrabando y conflictos sobre la tierra que perpetuaron la inestabilidad del precio.
¡Ojo! Todo esto nos lleva a un profundo debate que gira en torno a nuestra competitividad. Entonces, resulta clave preguntarnos ¿Cómo competir en un mercado donde otros países producen arroz a menor costo o cómo enfrentar los tratados comerciales que buscan desgravar al arroz en toda la región andina?
Eso exige mucho más que contabilizar cuántos días llevamos de paro. Requiere analizar, con datos en mano, cuánta área tenemos sembrada en arroz en el Huila, si estamos frente a una saturación que deprime los precios, qué capacidad tenemos para transformar esa producción, y si es suficiente o no para absorber la cosecha. Sin este análisis, cualquier propuesta es un tiro al aire.
Advierto, quizá la respuesta a estas preguntas pueda ser una verdad incómoda que haría inviable sostener el cultivo en las actuales condiciones. Vendrían entonces más preguntas difíciles ¿Qué actividades o cultivos promoveremos en aquellas hectáreas que se deben reconvertir? ¿Qué plan de competitividad o desarrollo económico tenemos para evitar que esas familias terminen en la informalidad vendiendo empanadas en cualquier esquina de Neiva? ¿Cómo cuidaremos el saber campesino que lleva generaciones dedicado al arroz?
El reto es inmenso. Por eso, el ordenamiento productivo de la tierra es imperioso para aumentar nuestra competitividad en toda nuestra fortaleza productiva y exportadora. Si no hacemos ese ordenamiento, seguiremos jugando a ciegas. Lo más complejo de esto es que podríamos poner en riesgo a otros sectores que hoy sostienen nuestro PIB.
Y aquí Neiva, como capital no solo del Huila sino del sur colombiano, tiene una responsabilidad enorme. La ciudad debe entender que necesita conectar su tejido empresarial con la fortaleza productiva y exportadora del departamento y la región. Solo así pasará de tener una economía desconectada y vulnerable a los bloqueos, a un modelo de desarrollo económico que genere progreso.
Segundilla: Al momento de escribir este artículo, se adelantan negociaciones. Hago votos para que este diálogo sea próspero en beneficio de todos.
Fuente: Diario La Nación
