Neiva, una ciudad que no resuelve-chicho rodriguez

Neiva, una ciudad que no resuelve

Neiva carga con un peso que no es solo histórico, sino profundamente cultural. Llevamos décadas repitiendo los mismos problemas, como si estuviéramos condenados a dar vueltas en círculo. Aquí, el tiempo pasa, cambian los gobernantes, cambian incluso las generaciones, pero no cambian los debates, ni los vacíos que nos frenan como ciudad.

La planeación no es solo un ejercicio técnico ni una obligación legal, es, ante todo, una expresión profunda de amor por la tierra que habitamos. Planificar bien un territorio significa dotarlo de identidad, fortalecer su tejido social, generar sentido de pertenencia y construir ciudadanía.

Cuando la planificación se hace con rigor, los beneficios son inmensos, calles ordenadas, movilidad eficiente, espacios públicos vibrantes, economía fortalecida, cultura viva, servicios de calidad, entre otros. Pero cuando la planificación brilla por su ausencia, los costos son igual de profundos. Lo que mal se piensa, mal se hace; y lo que mal se hace, se paga caro.

Y ahí está Neiva, atrapada en ese lugar. En las últimas semanas, volvió a resurgir el debate sobre Surabastos y Mercaneiva, un proyecto que merece toda la solidaridad y apoyo, pero que ha sido objeto de polémica desde su planeación original, marcada principalmente por las dificultades de acceso para el transporte público y las distancias con diferentes comunas de nuestra ciudad.

Hoy, estos importantes proyectos enfrentan una nueva amenaza, la incertidumbre por la no construcción de una glorieta por parte del concesionario de la Ruta 45. Mi reconocimiento sincero a los empresarios del campo y a sus directivos, quienes durante más de tres décadas han resistido con una tenacidad admirable, como pocos lo han hecho.

Paralelamente, las recientes inundaciones del río Magdalena en diferentes barrios de Neiva revivieron los viejos fantasmas sobre el diseño, el lote y la construcción de la PTAR. Y como si el tiempo se congelara, Neiva sigue revolcándose en las mismas dificultades: comuneros, escombreras, falta de cultura ciudadana, un POT que no avanza y una renovación urbana que se clama a gritos, entre otros. Sin mencionar la crisis en las finanzas públicas de la ciudad.

Quizá ha llegado el momento de detenernos. De hacer una pausa sincera, colectiva, para preguntarnos qué ciudad queremos planear y legar a quienes vienen detrás. Neiva no puede seguir condenada a tropezar con las mismas piedras una y otra vez.

Planear no es tarea exclusiva de los gobiernos, empieza también en cada decisión y en cada acto de ciudadanía. Neivanos, el futuro y la transformación de nuestra ciudad no será distinta si nosotros, sus ciudadanos, no somos distintos.

Fuente: Diario La Nación

Colombia no resiste más odio-chicho rodriguez

Colombia no resiste más odio

Cada vez que ocurre un acto de barbarie en Colombia, vuelvo emocionalmente a esos días oscuros donde el miedo nos gobernaba y la violencia dictaba las reglas. Heridas abiertas que muchos prefieren enterrar, pero que siguen ahí, supurando, recordándonos que el país nunca ha logrado apaciguar su dolor.

Todos, de una u otra forma, hemos sentido ese nudo en el pecho que produce la violencia. Pero ante cada nuevo hecho criminal, no puedo evitar pensar en el dolor desgarrador de las familias que viven directamente esta tragedia.

El atentado contra el precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay me sacudió profundamente. No solo por la brutalidad del hecho, sino porque me llevó de regreso a un pasado que uno quisiera haber dejado atrás. Me dolió recordar, con particular cercanía, el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, una herida que aún duele en la memoria del país y de su familia.

También volvieron a mí pensamiento magnicidios como los de Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Diana Turbay, Guillermo Cano, Carlos Pizarro, Jaime Garzón, entre otros; víctimas todos de un país que no ha sabido reconciliarse con su historia.

Y cómo no pensar en los líderes sociales y ambientales silenciados, en los soldados y policías asesinados, en las masacres y en tantas formas de violencia que nos han impuesto irracionalmente desde todos los sectores ¿Cuántas tragedias más necesita Colombia?

La verdad es cruda y dolorosa, hemos sido y seguimos siendo una sociedad enferma de odio y marcada por la venganza. Cada hecho violento nos divide más, nos enfrenta más y nos envenena más.

Por esto, es urgente cesar los discursos de odio y los llamados de muerte en nombre de una supuesta libertad, vengan de donde vengan. La libertad solo se construirá respetando al prójimo, empezando por la vida misma. Solo así seremos una sociedad libre.

Es hora de atrevernos a construir consensos y de aprender a escucharnos sin matarnos. No podemos escapar de esta realidad, las confrontaciones políticas llenas de odio, usadas como combustible electoral, nos están empujado a una crisis cada vez más profunda como Nación.

Tampoco habrá paz sin seguridad. Y no habrá seguridad hasta que se desmonten con determinación las economías ilícitas que se apoderaron del estado y los distintos gobiernos.

Como ciudadanos, no podemos ser inferiores a este momento. No podemos callar frente al crimen. El silencio es complicidad.

Expreso mi contundente rechazo por el atentado contra el Doctor Miguel Uribe. Acompaño en solidaridad a su familia, amigos y organización política. Pido a Dios por su vida y total recuperación ¡Así sea!

Fuente: Diario La Nación

El Jardín que Neiva está perdiendo-chicho rodriguez

El Jardín que Neiva está perdiendo

Conservar los recursos naturales no es solo una responsabilidad ambiental, es un imperativo social y urbano. Las ciudades, tanto en sus zonas rurales como en sus áreas urbanas, encuentran en la protección de sus ecosistemas una herramienta vital para garantizar sostenibilidad y calidad de vida.

Neiva, nuestra ciudad, alberga valiosos activos ambientales como las lagunas del Curíbano y Los Colores; los cerros orientales que enmarcan la vía a San Antonio, Vegalarga, El Caguán y El Triunfo; igualmente, ríos fundamentales como Las Ceibas, el río del Oro y, por supuesto, el imponente Magdalena.

Un ejemplo emblemático, también, es el Jardín Botánico “Bertha Hernández de Ospina”, ubicado en la comuna 6, al sur de la ciudad. Con una extensión de 19 hectáreas y un ecosistema de bosque seco tropical, es hogar de múltiples especies de flora y fauna. Allí nacen y viven la laguna Pisingo y la laguna Ibis, humedales que deberían ser orgullo y no olvido.

Tuve el honor de ser el primer secretario de Medio Ambiente de los neivanos. Y desde esa posición, comprendiendo la importancia de este espacio, gestioné -en ese entonces- ante el Concejo de Neiva, la administración municipal y sus antiguos propietarios, su incorporación como bien público del municipio. Lo hicimos con el propósito de protegerlo y reducir el enorme déficit de zonas verdes en Neiva.

Para aquella época (2014), articulamos un trabajo con la comunidad vecina. A través de vigías ambientales, desde la ciudadanía y con apoyo institucional, garantizábamos la vigilancia y conservación del parque. Las labores de limpieza eran frecuentes.

Hace pocos días, atendiendo la invitación de varios líderes comunitarios, visité el Jardín Botánico. Salí profundamente preocupado. El deterioro es evidente, pero lo más alarmante es el avance descontrolado del buchón, una planta acuática que, si bien tiene propiedades de filtración y oxigenación, cuando se propaga sin control puede asfixiar el ecosistema y desplazar por completo a otras especies. Hoy, esta planta cubre cerca del 95% de la laguna principal.

Sé que desde hace algunas administraciones, incluida la actual, se viene trabajando en un proyecto para transformar este parque en un verdadero parque de ciudad. Celebro esa intención.

Pero antes de la ejecución de este proyecto, la administración debe priorizar la limpieza de los lagos. Es urgente. No podemos permitir que el deterioro avance al punto de lo irreversible. Estoy seguro que si nos convocan, como ciudadanos, responderemos. Pero debe ser un esfuerzo continuo, no una campaña de selfis y redes sociales. Neiva debe convertirse, de una vez por todas, en una causa común. La causa común de todos.

Fuente: Diario La Nación

Espacio público, escuela de ciudadanos-chicho rodriguez

Espacio público, escuela de ciudadanos

Contar con espacios públicos seguros, dignos y sostenibles no es un lujo ni una moda urbanística. Es una necesidad fundamental para cualquier sociedad que aspire a construir identidad, progreso económico y ciudadanía.

Cuando estos espacios existen bien mantenidos y son disfrutados con dignidad, los ciudadanos se empoderan con afecto por lo común, existe responsabilidad compartida y prospera un contundente amor por la ciudad. Lo contrario, también sucede. Cuando los espacios públicos son abandonados, invadidos o mal administrados se transforman en focos de inseguridad, deterioro y exclusión.

En Neiva, la polémica sobre el deterioro de los espacios públicos ha sido motivo de creciente controversia. Este no es un problema reciente y sus causas son diversas: falta de recursos, informalidad desbordada y presencia de redes ilegales, entre otros. A ello se sumó una irresponsable práctica institucional, la entrega de muchos espacios públicos sin estrategia ni legalidad, como simple moneda de cambio para saldar compromisos personales o políticos.

Neiva, contrario a lo anterior, tiene casos que merecen ser destacados. El parque del barrio Sevilla, por ejemplo, ha logrado articular a constructores, empresarios, emprendedores, comerciantes, deportistas y gestores culturales, generando un espacio activo, sostenible y funcional. Es un modelo que demuestra que sí es posible.

¡Vale la pena! Entonces, soñar con espacios públicos bien conservados, vivos, construyendo identidad y tejido social de forma permanente ¡Claro que se puede!

La falta de recursos no puede seguir siendo la justificación. Para esto existe algo más poderoso: la voluntad política, la articulación institucional y la gestión con amor por nuestra ciudad.

Justo ahí es donde debemos abrir el debate: ¿es posible pensar en una Neiva distinta, donde el espacio público no sea un botín ni un estorbo, sino el alma viva de una ciudad que se respeta a sí misma? ¿Es posible crear una sociedad de ornato que, entienda que el paisaje urbano y su funcionalidad no son un lujo sino un derecho colectivo?

Esto, más que discursos, implica que la misma tenga un gobierno corporativo decente, honesto y serio, que promueva reglas claras, una gestión eficiente y una visión sostenida en el tiempo. Un gobierno que motive al sector privado con incentivos tributarios reales, transparentes y estratégicos, no improvisados; que lo invite a invertir no por obligación, sino por convicción.

Y, sobre todo, implica una ciudadanía que deje de ver lo público como lo ajeno y empiece a apropiarse de sus parques, sus andenes y sus plazas… como si fueran extensiones de su casa, de su historia y de su misma dignidad.

¿Seremos capaces de hacerlo?

Fuente: Diario La Nación

Neiva, 413 años, ¿y qué celebramos-chicho rodriguez

Neiva, 413 años, ¿y qué celebramos?

Este 24 de mayo, Neiva celebrará 413 años de su fundación. Como cada año, y por mero protocolo, ondearán las banderas, habrá ofrendas florales, estallarán fuegos artificiales y, por supuesto, se entregarán condecoraciones.

La pregunta que inevitablemente surge es si celebramos la fecha de nuestra fundación o, los años de avance que, como sociedad, desde aquella época, hemos tenido.

Entonces, qué sentido tiene celebrar la edad de una ciudad cuando muchas de sus heridas siguen abiertas y se profundizan porque sus autoridades y habitantes continúan divididos entre la indiferencia y la frustración…Si lo hacemos por simple rutina, se entiende; pero si creemos que todo está bien, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos.

No. No se trata de apagar las velas ni de silenciar el himno. Se trata de detenernos un momento, con la mayor sinceridad posible, a reflexionar sobre cuán equivocados estamos en la manera como estamos concibiendo y construyendo nuestra ciudad.

Quizás, si nos diéramos ese permiso de conciencia, concluiríamos algo doloroso, que en muchas cosas estábamos mejor hace 412 años. Al menos, en ese entonces, había una victoria, había una esperanza. Hoy, en lugar de avanzar, retrocedemos. Nos envuelve la desidia institucional, el egoísmo cívico y la pérdida casi total de nuestra identidad y del sentido de comunidad.

No quiero ser aguafiestas ni pretendo arruinar las celebraciones de unos pocos. Pero esta es la realidad. Si hablamos de conquistas contemporáneas, hoy, Neiva no tiene nada —absolutamente nada— para celebrar. La ciudad no es ni la sombra de lo que podría ser. Y lo más grave es que nos acostumbramos al letargo, a la mediocridad, al “así nos tocó” o “eso es lo que hay”.

Lo más grave de todo es que se volvió hábito olvidar rápidamente la responsabilidad de los verdaderos culpables y de sus aliados en el desastre de ciudad que hoy tenemos.

Eso sí, aplausos, con fuerza, para quienes sí dignificaron el nombre de Neiva y la proyectaron más allá de sus fronteras. Ellos sí construyeron ciudad.

Aplausos sinceros, también, para esa generación de familias que apostaron por la industria y la generación de empleo y riqueza en nuestra ciudad. Aplausos para esas mujeres, madres, jóvenes y aquellos neivanos que con honestidad y su sudor siguen moviendo la economía de una ciudad que, lamentablemente, aún no les retribuye como merecen.

Conclusión, a los 413 años, Neiva necesita menos discursos conmemorativos y más debates profundos. Necesita menos promesas y más realizaciones concretas. Menos desobediencia y más ciudadanía. Menos autoridad, más ejemplo y más servicio.

¡Tal vez no es tiempo de celebrar sino de reflexionar!

Fuente: Diario La Nación

Neiva ¿Una ciudad sin ciudadanos-chicho rodriguez

Neiva ¿Una ciudad sin ciudadanos?

Neiva, más que una ciudad, parece hoy una simple aglomeración de personas que conviven, sin una identidad, como habitantes dentro de un mismo territorio.

El irrespeto por el otro, por las normas básicas de convivencia —desde las de tránsito hasta las urbanísticas— generan un desorden progresivo que ha menoscabado nuestra vida en comunidad. El clima cálido también nos impone retos diarios, pero cuando se suman la indiferencia, la intolerancia y el caos, la ciudad se convierte en un espacio hostil.

La teoría de «Las Ventanas Rotas» sostiene que cuando se toleran pequeñas señales de deterioro, como basura en las calles, fachadas descuidadas, espacios verdes o árboles abandonados, entre otros, se fomenta un espiral de degradación urbana y social. 

No basta con exigir a las autoridades soluciones inmediatas; es necesario un compromiso colectivo para transformar la mentalidad ciudadana. La cultura cívica debe construirse desde el respeto por las normas, el sentido de pertenencia y la corresponsabilidad en el mantenimiento del entorno y el civismo.

En Neiva, la corrupción también ha fragmentado el respeto hacia la identidad de la ciudad. Diferentes escándalos han erosionado, año tras año, la confianza ciudadana en las instituciones locales. Esta desconfianza debilita el sentido de pertenencia de los habitantes con su territorio.

Además, la falta de liderazgo efectivo para abordar los problemas históricos de Neiva ha perpetuado situaciones como obras inconclusas y proyectos mal gestionados. La ausencia de una dirección clara y comprometida impide el progreso y la resolución de estos desafíos.

La carencia de iniciativas que inspiren y motiven a la ciudadanía a respaldar a las administraciones locales ha generado apatía y desinterés en la participación cívica. Sin proyectos transformadores que conecten con las aspiraciones de la comunidad, es difícil fomentar un sentido de propósito compartido en el desarrollo urbano.

Otro aspecto fundamental es el respeto por el paisaje. La contaminación visual, generada por vallas publicitarias en exceso, el vandalismo y una inadecuada planificación del espacio, afecta la percepción de la ciudad y deteriora su estética. Un entorno visualmente armonioso no solo contribuye al bienestar ciudadano, sino que también fortalece la identidad cultural.

Iniciativas como la campaña #NeivaAceptoElReto -promovida por esta casa editorial- son una oportunidad para revertir esta crisis de identidad ciudadana.

Neiva necesita ciudadanos que entiendan que el desarrollo urbano no depende solo de la infraestructura, sino de la voluntad de quienes la habitan. Rescatar los espacios públicos, cumplir con las normas de convivencia y promover el sentido de comunidad son pasos importantes para romper el ciclo de autodestrucción que hoy se impuso en nuestra sociedad.