“Después de los gozosos, vienen los dolorosos.”
El viejo refrán de los abuelos cobra vigencia ahora que se apagan los últimos ecos del Festival del Bambuco. Tras la fiesta, llega la realidad; una que alcanzará de frente a los alcaldes y gobernadores del país, justo cuando inician su cuarto semestre de gobierno y el de Gustavo Petro -si no se queda- entra en su recta final.
Para los mandatarios territoriales llegó la hora de asegurar recursos, de concretar proyectos y de ejecutar. Sin embargo, es cuando más incertidumbre tendrán sobre el respaldo del Gobierno Nacional. Y no es una sospecha infundada, es una preocupación real, derivada de un panorama presupuestal sin rumbo claro.
El presidente Petro prometió más de 90 proyectos para el Huila, muchos catalogados como estratégicos y con inversiones multimillonarias inscritas en su Plan Nacional de Desarrollo “Colombia Potencia Mundial de la Vida”.
La hora de los discursos ya pasó, es hora de la certeza. Y la pregunta importante es ¿Con qué recursos el gobierno nacional va a garantizarles a los gobernantes la cofinanciación de los proyectos de infraestructura o inversión social con los que se comprometió?
El Huila sigue dependiendo del Gobierno Nacional para financiar su desarrollo. Y esa dependencia se vuelve un riesgo cuando el gobierno central no tiene cómo responder. Aunque se han hecho esfuerzos, todavía estamos muy lejos de ser una región capaz de sostenerse por sí sola. Por eso, cualquier crisis en las finanzas de la Nación nos arrastra con fuerza.
La situación financiera del país es crítica. Lo dice el Ministerio de Hacienda, los expertos en la materia y las medidas desesperadas del Ejecutivo como la de anticipar el recaudo de la retefuente del 2026 para este 2025 ¿la razón? El recaudo tributario cayó estrepitosamente.
Además, el Gobierno volvió a modificar la regla fiscal. Esta vez no por la pandemia, sino por la incapacidad de ajustar el gasto a la realidad. Los versados advierten que esto traerá más deuda pública, mayor presión sobre el gasto y un déficit proyectado del 7.5% del PIB en 2025.
Esta crisis puede afectar la capacidad productiva, exportadora y fiscal de cada territorio. En el caso del Huila, donde apenas alcanzamos una participación del 1.7% del PIB nacional, cualquier golpe será fuerte. Y lo más triste es que algunos celebran esa cifra como si fuera un logro, cuando es una muestra clara de estancamiento.
La fiesta terminó y es momento de hablar con firmeza. Miientras más se demoren en exigir lo que nos deben, más fuerte será el guayabo y más dura será la resaca.
Fuente: Diario La Nación




