Desafiar la autoridad es inaceptable-chicho rodriguez

Desafiar la autoridad es inaceptable

“La legitimidad es la cualidad de una norma, autoridad o poder de ser aceptado como justo, válido y digno de obediencia por la sociedad, sin la necesidad de recurrir a la fuerza”, Max Weber.

En este sentido, la razón de ser del Estado descansa en su legitimidad. La autoridad que lo sustenta nace de un contrato que, en algún momento, todos aceptamos. En Colombia, el más reciente es la Constitución de 1991. No obstante, esa legitimidad se ha visto erosionada, tanto por errores propios como, de manera más preocupante, por las narrativas que hoy circulan en tiempos digitales, más precisamente, en redes sociales.

Es cierto que el Estado ha cometido excesos, pero también lo es que el propio sistema, a través de su rama judicial, ha sabido corregir, sancionar y devolver derechos. Esa capacidad de control interno es, en sí misma, la mejor prueba de legitimidad. Aun así, las nuevas narrativas se niegan a reconocerlo y buscan fragmentar la Nación en tantas partes como grupos criminales intentan imponer su propia ley.

La reciente situación en el municipio de La Plata y en otras regiones del país es inaceptable. Los grupos armados ilegales no pueden instrumentalizar a la población para impedir la presencia de la Fuerza Pública. Ninguna causa justifica que se use a los ciudadanos como escudo humano ni que se expulse a las instituciones del territorio.

El Gobierno debe entender que el control territorial de la ilegalidad está desplazando la legitimidad del Estado y con ello la de la Fuerza Pública. Ya hemos perdido importantes áreas del país y otras corren el mismo riesgo. No se puede permitir que comunidades enteras queden a merced de personas armadas sin Dios ni ley, todo por perseguir una paz que, hasta ahora, no arroja frutos tangibles.

En el Huila conocemos bien las consecuencias de ceder ante la ilegalidad. Sufrimos la llamada zona de distensión, pero lo que hoy ocurre parece aún peor. La fragmentación de los grupos armados y de sus economías ilícitas permite un impacto más amplio y disperso en todo el territorio, exigiendo mayores esfuerzos para combatirlos. Esta realidad se vuelve más alarmante en medio de una crisis fiscal profunda y del anuncio del Gobierno de no adquirir más armamento a Estados Unidos. El panorama es preocupante.

La legitimidad tampoco puede perderse en Neiva; cada día son más frecuentes los ataques a la autoridad. Urge implementar mecanismos tecnológicos que protejan al ciudadano de eventuales abusos y a la autoridad del irrespeto ciudadano. Las reglas están para cumplirse e ignorar la autoridad no puede volverse costumbre.

Fuente: Diario La Nación

Lo que ofrece el 2025-chicho rodriguez

Lo que ofrece el 2025

Gustavo Petro, presidente de la república, deberá optar entre dos caminos: persistir en la ilusión de promesas inciertas y discursos incendiarios, o admitir sus fracasos, buscar acuerdos y darle rumbo, aunque sea en la recta final de su mandato, a una gestión que ha carecido de resultados.

Empecemos por la situación fiscal. Con un déficit superior a los $35 billones durante el 2024, la caída del recaudo tributario, y la reducción de las regalías, el Presidente, tendrá que realizar una distribución adecuada y eficiente de los recursos de La Nación.

Para lograrlo, debe recortar gastos de funcionamiento, priorizando aquellas dependencias incompetentes; blindar las finanzas frente a los escándalos de corrupción que lo han manchado, y ejecutar con precisión el presupuesto público.

En materia de salud, era evidente la necesidad de una reforma integral que garantizara calidad en los servicios, procedimientos y el suministro de medicamentos. En su lugar, el gobierno impuso una reforma administrativa que no solo fracasó, sino que agravó la crisis.

Por lo tanto, es su responsabilidad evitar que el debate siga desviado en una estéril confrontación sobre modelos teóricos, dejando de lado las soluciones reales que la población exige con urgencia.

Como senador, Petro exigió que, durante la pandemia, el Estado garantizara la prestación de los servicios públicos, especialmente en aquellos sectores más vulnerables, lo que implicó un mayor esfuerzo financiero en medio de la crisis económica global. Ahora, como Presidente, ignora los compromisos estatales de la “Opción tarifaria” que garantizaron energía a los más pobres durante esa época.

Por ello, es crucial que el mandatario actúe sensatamente para evitar la quiebra de los generadores de energía en Colombia; de lo contrario, apagones como el reciente en Puerto Carreño se volverán comunes.

En seguridad, el gobierno nacional ha fracasado. Es urgente levantar el cese al fuego, permitir que las fuerzas militares y de policía actúen con firmeza y enfrentar sin titubeos al crimen organizado.

En economía, aunque hay avances en agricultura, especialmente en el sector cafetero, es preocupante que Petro no haya cesado los ataques y su amenaza de controlar la institucionalidad cafetera.

El gobierno no puede conformarse con estos logros. Sectores clave como la construcción, el comercio, la hotelería y los bienes y servicios están en crisis, afectando tanto a las empresas como a gran parte de la población trabajadora, incluyendo a quienes dependen de la informalidad.

Finalmente, de cara a un 2025 marcado por la tensión electoral de congreso y presidencia, el gobierno tiene la responsabilidad de preservar la estabilidad del país en un clima político ya de por sí, bien agitado.

Fuente: Diario La Nación