Durante las últimas semanas, Neiva se ha convertido en el escenario de foros, conversatorios y ferias que han puesto sobre la mesa una pregunta esencial ¿Qué ciudad queremos construir?
No ha sido un debate menor. Desde la academia, la Cámara de Comercio, gremios como Camacol y empresarios como Felipe Olave y Santiago Vanegas, se ha intentado mirar más allá del presente y proponer una visión de futuro. Pero hay un punto en el que todos coinciden, sin ordenamiento territorial, no hay desarrollo posible.
En Neiva, cada vez que un desarrollador urbano intenta materializar una iniciativa que genere progreso, se estrella contra un muro de normas contradictorias y vacíos regulatorios. No se trata de un problema coyuntural; son más de treinta años en los que las buenas ideas se desvanecen y la ciudad pierde oportunidades frente a territorios que sí propician crecimiento.
Por supuesto, nadie desconoce que todo proyecto debe cumplir con la Constitución y la normativa vigente. Pero cuando las reglas del juego no reflejan la dinámica real del territorio, el resultado es siempre el mismo, la inversión se va, y las posibilidades de progreso también se van.
En este contexto, el desarrollador urbano Santiago Vanegas -reconocido por sus proyectos en Estados Unidos, Neiva y Rivera- retomó ideas que se han mencionado durante décadas pero nunca se han materializado. Entre ellas, trasladar el aeropuerto a una zona externa capaz de convertirse en un polo industrial y de servicios, mientras el terreno actual se transforma en un gran parque urbano y pulmón verde a la altura de las ciudades modernas. También revivió propuestas urbanísticas sobre las márgenes del río Las Ceibas y el río del Oro.
En paralelo, el empresario Felipe Olave, quien ha apostado de manera decidida por Neiva y hoy lidera también importantes desarrollos urbanísticos en España y Cartagena, presentó recientemente el proyecto “Mirador del Magdalena”, un macrodesarrollo que promete generar empleo, atraer inversión y dinamizar la economía local. A esta iniciativa se suma su propuesta de un nuevo estadio de fútbol para nuestra ciudad.
Neiva no puede aspirar a ser moderna ni competitiva mientras siga construyéndose sobre la improvisación. Por eso, la formulación del nuevo POT que adelantará la administración municipal debe ser abierta, transparente y no puede estar al servicio de intereses políticos ni particulares.
La generación que hoy habita Neiva no pide privilegios; pide que la ciudad deje de ser una promesa incumplida. Pide que el desarrollo deje de ser un discurso y se convierta en realidad. Pide que los niños y jóvenes hereden una ciudad construida con grandeza y no con resignación.
Fuente: Diario La Nación



