Causas que trascienden gobiernos-chicho rodriguez

Causas que trascienden gobiernos

Una de las formas más sólidas de construir ciudadanía es ejercer el servicio público con responsabilidad y transparencia. Cuando la función pública se asume con seriedad, se fortalece el respeto por las instituciones y se edifica una sociedad más justa, cohesionada y solidaria.

Por esto resulta esencial que quienes ocupan cargos públicos comprendan el profundo compromiso que implica administrar los recursos del Estado. Más allá de los títulos y funciones, su tarea consiste en interpretar la realidad y tomar decisiones eficientes con resultados tangibles.

En ese contexto, recibí con gran satisfacción la reciente decisión de la Superintendencia Financiera de Colombia de otorgar vigilancia especial al Instituto de Fomento para el Desarrollo del Huila – INFIHUILA.

Este logro no fue producto del azar. Es el resultado de un proceso institucional que ha trascendido gobiernos, intereses políticos y ciclos electorales desde el año 2016. Un camino que ha requerido superar obstáculos internos por parte de quienes se aferraban al pasado. Afortunadamente, la determinación y visión permitieron que esa transformación avanzara.

Tuve el honor de gerenciar este proceso en uno de los momentos más críticos para el Instituto, los años 2020, 2021 y 2022, en plena pandemia del COVID-19. Fueron tiempos difíciles. El presupuesto de ingresos cayó drásticamente por la disminución de las tasas de interés, el cierre de los terminales de transporte y la ausencia de utilidades por parte de la Electrificadora del Huila, empresas en las que INFIHUILA posee una participación accionaria importante.

Ante ese panorama, junto con un valioso equipo humano, adoptamos medidas de austeridad y eficiencia. Con sentido de responsabilidad reconvertimos activos improductivos en liquidez, actuamos con rigor frente a las operaciones de crédito y transformamos los fondos especiales en fuentes diversificadas de ingreso que hoy siguen generando resultados. Todo esto permitió proteger el patrimonio institucional.

Gracias a estas acciones, en 2021, INFIHUILA recibió la calificación AA con perspectiva positiva, la más alta otorgada hasta ese momento a una entidad pública del orden departamental. Esa calificación fue fundamental para allanar el camino hacia la vigilancia especial que hoy celebramos.

Este nuevo estatus posiciona a INFIHUILA como un verdadero banco de segundo piso y un aliado estratégico para financiar los planes de desarrollo de nuestros municipios y del departamento.

Lo sucedido con INFIHUILA demuestra que las políticas públicas no deben estar al servicio de los gobiernos de turno, sino de una causa superior, el progreso colectivo.

Cierro estas líneas con un reconocimiento al actual gobierno departamental, a la familia INFIHUILA, a su gerente y al extraordinario equipo humano que perseveró con compromiso hasta alcanzar este logro.

Fuente: Diario La Nación

El campo pide orden-chicho rodriguez

El campo pide orden

La paciencia social se agotó y la gente ya no aguanta más bloqueos. Por esto, resultó irónico escuchar a la Ministra de Agricultura afirmar que “no se sentaría a negociar con los arroceros mientras no levantaran los bloqueos”; paradójicamente este gobierno llegó al poder impulsado por las movilizaciones sociales y los bloqueos como herramienta política. Hoy, esa misma dialéctica los golpea de frente.

Por otro lado, sería un error quedarnos solo en la crítica coyuntural. El paro que sacude hoy a Colombia es el reflejo de un problema estructural que acumuló promesas incumplidas, sobreproducción, contrabando y conflictos sobre la tierra que perpetuaron la inestabilidad del precio.

¡Ojo! Todo esto nos lleva a un profundo debate que gira en torno a nuestra competitividad. Entonces, resulta clave preguntarnos ¿Cómo competir en un mercado donde otros países producen arroz a menor costo o cómo enfrentar los tratados comerciales que buscan desgravar al arroz en toda la región andina?

Eso exige mucho más que contabilizar cuántos días llevamos de paro. Requiere analizar, con datos en mano, cuánta área tenemos sembrada en arroz en el Huila, si estamos frente a una saturación que deprime los precios, qué capacidad tenemos para transformar esa producción, y si es suficiente o no para absorber la cosecha. Sin este análisis, cualquier propuesta es un tiro al aire.

Advierto, quizá la respuesta a estas preguntas pueda ser una verdad incómoda que haría inviable sostener el cultivo en las actuales condiciones. Vendrían entonces más preguntas difíciles ¿Qué actividades o cultivos promoveremos en aquellas hectáreas que se deben reconvertir? ¿Qué plan de competitividad o desarrollo económico tenemos para evitar que esas familias terminen en la informalidad vendiendo empanadas en cualquier esquina de Neiva? ¿Cómo cuidaremos el saber campesino que lleva generaciones dedicado al arroz?

El reto es inmenso. Por eso, el ordenamiento productivo de la tierra es imperioso para aumentar nuestra competitividad en toda nuestra fortaleza productiva y exportadora. Si no hacemos ese ordenamiento, seguiremos jugando a ciegas. Lo más complejo de esto es que podríamos poner en riesgo a otros sectores que hoy sostienen nuestro PIB.

Y aquí Neiva, como capital no solo del Huila sino del sur colombiano, tiene una responsabilidad enorme. La ciudad debe entender que necesita conectar su tejido empresarial con la fortaleza productiva y exportadora del departamento y la región. Solo así pasará de tener una economía desconectada y vulnerable a los bloqueos, a un modelo de desarrollo económico que genere progreso.

Segundilla: Al momento de escribir este artículo, se adelantan negociaciones. Hago votos para que este diálogo sea próspero en beneficio de todos.

Fuente: Diario La Nación

Neiva, una ciudad que no resuelve-chicho rodriguez

Neiva, una ciudad que no resuelve

Neiva carga con un peso que no es solo histórico, sino profundamente cultural. Llevamos décadas repitiendo los mismos problemas, como si estuviéramos condenados a dar vueltas en círculo. Aquí, el tiempo pasa, cambian los gobernantes, cambian incluso las generaciones, pero no cambian los debates, ni los vacíos que nos frenan como ciudad.

La planeación no es solo un ejercicio técnico ni una obligación legal, es, ante todo, una expresión profunda de amor por la tierra que habitamos. Planificar bien un territorio significa dotarlo de identidad, fortalecer su tejido social, generar sentido de pertenencia y construir ciudadanía.

Cuando la planificación se hace con rigor, los beneficios son inmensos, calles ordenadas, movilidad eficiente, espacios públicos vibrantes, economía fortalecida, cultura viva, servicios de calidad, entre otros. Pero cuando la planificación brilla por su ausencia, los costos son igual de profundos. Lo que mal se piensa, mal se hace; y lo que mal se hace, se paga caro.

Y ahí está Neiva, atrapada en ese lugar. En las últimas semanas, volvió a resurgir el debate sobre Surabastos y Mercaneiva, un proyecto que merece toda la solidaridad y apoyo, pero que ha sido objeto de polémica desde su planeación original, marcada principalmente por las dificultades de acceso para el transporte público y las distancias con diferentes comunas de nuestra ciudad.

Hoy, estos importantes proyectos enfrentan una nueva amenaza, la incertidumbre por la no construcción de una glorieta por parte del concesionario de la Ruta 45. Mi reconocimiento sincero a los empresarios del campo y a sus directivos, quienes durante más de tres décadas han resistido con una tenacidad admirable, como pocos lo han hecho.

Paralelamente, las recientes inundaciones del río Magdalena en diferentes barrios de Neiva revivieron los viejos fantasmas sobre el diseño, el lote y la construcción de la PTAR. Y como si el tiempo se congelara, Neiva sigue revolcándose en las mismas dificultades: comuneros, escombreras, falta de cultura ciudadana, un POT que no avanza y una renovación urbana que se clama a gritos, entre otros. Sin mencionar la crisis en las finanzas públicas de la ciudad.

Quizá ha llegado el momento de detenernos. De hacer una pausa sincera, colectiva, para preguntarnos qué ciudad queremos planear y legar a quienes vienen detrás. Neiva no puede seguir condenada a tropezar con las mismas piedras una y otra vez.

Planear no es tarea exclusiva de los gobiernos, empieza también en cada decisión y en cada acto de ciudadanía. Neivanos, el futuro y la transformación de nuestra ciudad no será distinta si nosotros, sus ciudadanos, no somos distintos.

Fuente: Diario La Nación

Los errores que seguimos pagando-chicho rodriguez

Los errores que seguimos pagando

Ríos, quebradas, humedales, lagunas e incluso acuíferos subterráneos más que elementos naturales, son estructuras vivas que sostienen la economía, la salud, la seguridad alimentaria y la estabilidad social de los pueblos.

Uno de los pilares fundamentales para el progreso de cualquier territorio es la gestión integral del recurso hídrico. Así mismo, la gestión del riesgo es su hermana gemela. No existe desarrollo posible sin considerar que el agua -así como da vida- también puede destruir.

La mayoría de las tragedias no son “naturales”; son construidas socialmente. Se dan cuando permitimos viviendas en zonas de riesgo, cuando legalizamos urbanizaciones en rondas hídricas, cuando ignoramos los mapas de amenaza o cuando no exigimos que las grandes infraestructuras funcionen con criterios técnicos y no comerciales.

Actualmente nuestro Departamento padece fuertes inundaciones que afectan a varios municipios, incluidos barrios enteros de Neiva, estas, no son únicamente consecuencia de la fuerte temporada de lluvias advertida por el IDEAM. También son resultado de decisiones humanas.

A raíz de estos desbordamientos, han surgido serios interrogantes sobre la operación de los embalses de Betania y El Quimbo. Diversas voces advierten que se habría priorizado la generación de energía mediante la apertura de compuertas en plena creciente del río Magdalena.

En materia ambiental -en Colombia- la responsabilidad es objetiva, lo que implica que basta con que exista el daño para que el autor de la actividad riesgosa responda, incluso sin culpa. En este contexto, surgen preguntas sobre la aplicación del principio de prevención, el principio de precaución y el deber de información a las comunidades ubicadas aguas abajo de los embalses.

Frente a esto, es imperativo que las autoridades correspondientes determinen las diferentes responsabilidades. De igual manera, debemos hacer un mea culpa como sociedad y como ciudad. Neiva ha cometido errores históricos de planificación. Tenemos un POT antitécnico, congelado en el tiempo, que no responde a la realidad de los riesgos ni del cambio climático.

Hemos tenido, también, gobernantes irresponsables que legalizaron barrios en zonas de exclusión, que negociaron con el riesgo por votos y que destruyeron lo poco que se había avanzado en gestión territorial. Hoy esos mismos personajes, disfrazados de “salvadores del pueblo”, andan convocando reuniones como superhéroes ¡Cuidado! no son corderos, son lobos que ya gobernaron y fallaron.

Mi solidaridad está con todas las personas, cooperativas, empresas y familias afectadas por esta dolorosa emergencia. El agua no tiene ideología, pero sí exige responsabilidad. Que esta tragedia no se convierta solo en una noticia más, que sea el punto de quiebre para hacer lo que por años no hemos querido hacer.

Fuente: Diario La Nación

Guayabo financiero-chicho rodriguez

Guayabo financiero

“Después de los gozosos, vienen los dolorosos.”

El viejo refrán de los abuelos cobra vigencia ahora que se apagan los últimos ecos del Festival del Bambuco. Tras la fiesta, llega la realidad; una que alcanzará de frente a los alcaldes y gobernadores del país, justo cuando inician su cuarto semestre de gobierno y el de Gustavo Petro -si no se queda- entra en su recta final.

Para los mandatarios territoriales llegó la hora de asegurar recursos, de concretar proyectos y de ejecutar. Sin embargo, es cuando más incertidumbre tendrán sobre el respaldo del Gobierno Nacional. Y no es una sospecha infundada, es una preocupación real, derivada de un panorama presupuestal sin rumbo claro.

El presidente Petro prometió más de 90 proyectos para el Huila, muchos catalogados como estratégicos y con inversiones multimillonarias inscritas en su Plan Nacional de Desarrollo “Colombia Potencia Mundial de la Vida”.

La hora de los discursos ya pasó, es hora de la certeza. Y la pregunta importante es ¿Con qué recursos el gobierno nacional va a garantizarles a los gobernantes la cofinanciación de los proyectos de infraestructura o inversión social con los que se comprometió?

El Huila sigue dependiendo del Gobierno Nacional para financiar su desarrollo. Y esa dependencia se vuelve un riesgo cuando el gobierno central no tiene cómo responder. Aunque se han hecho esfuerzos, todavía estamos muy lejos de ser una región capaz de sostenerse por sí sola. Por eso, cualquier crisis en las finanzas de la Nación nos arrastra con fuerza.

La situación financiera del país es crítica. Lo dice el Ministerio de Hacienda, los expertos en la materia y las medidas desesperadas del Ejecutivo como la de anticipar el recaudo de la retefuente del 2026 para este 2025 ¿la razón? El recaudo tributario cayó estrepitosamente.

Además, el Gobierno volvió a modificar la regla fiscal. Esta vez no por la pandemia, sino por la incapacidad de ajustar el gasto a la realidad. Los versados advierten que esto traerá más deuda pública, mayor presión sobre el gasto y un déficit proyectado del 7.5% del PIB en 2025.

Esta crisis puede afectar la capacidad productiva, exportadora y fiscal de cada territorio. En el caso del Huila, donde apenas alcanzamos una participación del 1.7% del PIB nacional, cualquier golpe será fuerte. Y lo más triste es que algunos celebran esa cifra como si fuera un logro, cuando es una muestra clara de estancamiento.

La fiesta terminó y es momento de hablar con firmeza. Miientras más se demoren en exigir lo que nos deben, más fuerte será el guayabo y más dura será la resaca.

Fuente: Diario La Nación