Cuando un hijo o hija regresa a casa tras haber sido víctima de maltrato ¿Qué actitud deberían tomar sus padres? ¿Rechazarlo y devolverlo al entorno donde sufrió el abuso, o, por el contrario, recibirlo inmediatamente y apoyarlo en su proceso de recuperación?
Esta última, debió ser la conducta asumida por el presidente Petro frente a los colombianos deportados por el gobierno de Estados Unidos el reciente fin de semana; no obstante, decidió de forma irresponsable devolver los aviones militares que él mismo había autorizado.
Aprovecharse del sufrimiento de los deportados y sus familias para alimentar su ego a las tres de la mañana no es aceptable, igualmente, inadecuada fue la serie de mensajes sucesivos publicados en sus redes sociales en relación con este asunto.
Para muchos, la conducta del gobernante fue considerada apropiada; sin embargo, para millones de colombianos, no lo fue. Su actitud no solo intensificó el sufrimiento de los deportados, sino que también generó un aumento del temor entre cientos de miles de personas que actualmente se encuentran en Estados Unidos.
Petro tiene una personalidad irreverente y contestaria. Le gusta confrontar y tenga la razón o no, le gusta enchiparse en su trinchera y desde allí disparar, los que él considera, sus argumentos. Sin embargo, olvida el presidente que su investidura exige serenidad y diplomacia.
Esto no se trata de sumisión. Las deportaciones en Colombia siguen un protocolo establecido entre ambos países desde hace años. Este procedimiento fue implementado por gobiernos aliados del actual presidente, como ocurrió en México durante la administración de López Obrador. En ese momento, Petro, jamás expresó protesta alguna.
No defiendo a Trump; considero que muchas de sus políticas y medidas son injustas. Sin embargo, Petro debe comprender que, para ejercer el legítimo derecho a la protesta en asuntos internacionales, existe el camino de la diplomacia y no el de las redes sociales, mucho menos la impulsividad.
Así mismo, las medidas sancionatorias implementadas por Trump durante las horas de tensión fueron desproporcionadas, poniendo en grave riesgo la competitividad de Colombia. Las repercusiones para Neiva y el Huila podrían haber sido desastrosas.
Sectores clave como el café, el pescado y el cacao, entre otros, hubiesen sido gravemente impactados. Hablamos de empresarios, campesinos, trabajadores formales e informales, así como las dinámicas productivas que sustentan nuestra región y a miles de familias en nuestro territorio.
La Cancillería, afortunadamente, ha comunicado que la crisis ha sido superada de manera temporal. De este modo, los deportados, como debió ser desde un principio, regresarán a Colombia y las sanciones económicas suspendidas.
¡Qué calentura!
Fuente: Diario La Nación



