La semana pasada asistí, muy interesado por lo que representa para el progreso y el desarrollo de Neiva, al Foro de Ordenamiento Territorial “Palermo, tierra de Oportunidades”, un espacio promovido por la administración municipal de ese vecino municipio para discutir la visión de las zonas de Amborco y la zona industrial, territorios estratégicos que, además, son contiguos a nuestro propio suelo urbano.
Si algo tenemos claro los neivanos, porque lo vemos todos los días, es cómo esas zonas de Palermo -justo pasando los puentes sobre el río Magdalena- han crecido. Allí se han desarrollado industrias, comercios, urbanizaciones y una gran oferta de bienes y servicios que hace apenas unos años eran impensables. El sector se volvió un imán de inversión, de empleo y de oportunidades. Y todo eso, lo estamos viendo desde la ventana.
Y cómo no van a querer los palermunos potenciar aún más esas zonas y sus usos del suelo, si gracias a ese desarrollo hoy se generan para su municipio ingresos importantes. Ingresos que se están traduciendo en viviendas de interés social, en alimentación escolar, en empleo, en vías para el campo, en infraestructura pública. Es decir, Palermo está aprovechando el desarrollo para mejorar la calidad de vida de su gente.
Por eso no sorprende que la administración de Palermo ya esté dando el debate público sobre cómo aprovechar aún más esa oportunidad. Y por eso mismo invitaron a empresarios, inversionistas y dirigentes gremiales de Neiva, el Huila y la región surcolombiana. Los escucharon, les ofrecieron garantías y les dijeron, sin rodeos, “Qué necesitan ustedes de Palermo para invertir y quedarse aquí. Aquí les damos condiciones.” Aplausos para el Alcalde.
Pues bien, esto que está haciendo Palermo es lo que nosotros, los neivanos, debimos haber hecho hace dos o tres décadas. Neiva no ha entendido que el suelo, el mismo que nos proporcionó Dios a través de la naturaleza, está para aprovecharlo de manera sostenible y orientarlo al beneficio de nuestra propia gente. Neiva necesita, urgentemente, un acuerdo mínimo sobre cómo organizar y poner a producir el territorio.
Nuestros gobernantes, los de hoy y los que vendrán, deben comprender que la competitividad y el desarrollo económico de Neiva se construyen desde la planificación del territorio, ordenando el uso del suelo, promoviendo la inversión, creando condiciones para la industria, el comercio, el desarrollo urbano y una oferta sólida de bienes y servicios.
Lamentablemente, seguimos distraídos en discusiones eternas y entretenidos en actividades que solo guayabo dejarán. Mientras otros planifican, avanzan y toman decisiones estratégicas, aquí seguimos aplazando lo urgente y posponiendo lo importante.
Fuente: Diario La Nación
