El Maracaná se vende. Neiva insiste en sus ruinas.-chicho rodriguez

El Maracaná se vende. Neiva insiste en sus ruinas.

Pocos escenarios deportivos en el mundo despiertan tanta emoción como el estadio Maracaná. Levantado en Río de Janeiro en 1950, este templo es todo un símbolo del fútbol. En su gramilla se han escrito capítulos inolvidables, y en sus tribunas se ha forjado buena parte de la identidad brasileña, esa que late al ritmo del balón y la samba.

Fue allí donde se vivieron los mundiales de 1950 y 2014, donde ocurrió el legendario “Maracanazo” que hizo llorar a todo Brasil, y donde brillaron Pelé y los grandes astros que convirtieron el fútbol en pasión. En ese mismo escenario, James Rodríguez inmortalizó su volea ante Uruguay, uno de los goles más recordados de los mundiales.

Sin embargo, y pese a toda esa carga simbólica, el Estado de Río de Janeiro ha decidido venderlo. El gobierno entendió que por más gloria que albergue un estadio, no puede convertirse en un lastre financiero eterno. Esa decisión, que puede parecer impopular, es un acto de responsabilidad. Un gesto de madurez fiscal.

Antes de seguir gastando dinero público, el gobierno de Río hizo un análisis económico serio. El resultado fue claro, mantener el estadio es una carga insostenible para el Estado. Cada partido en el Maracaná cuesta cerca de 750 millones de pesos, y ni siquiera la concesión a Flamengo y Fluminense cubre esos gastos.

Y entonces, si Río de Janeiro, con un presupuesto anual cercano a 22.000 millones de dólares y una economía mil veces mayor que la de Neiva, concluyó que el Maracaná era un activo improductivo ¿Qué lógica sostiene que aquí sigamos enterrando plata en las ruinas del Guillermo Plazas Alcid? ¿Cómo es posible que, mientras allá venden su templo, acá pretendamos resucitar el nuestro con recursos públicos?

Más allá del romanticismo o la nostalgia, Neiva necesita sensatez. El estadio Plazas Alcid no puede seguir siendo un capricho personal de nuestros gobernantes ni un botín simbólico del sector político que los rodea. Neiva debe administrarse como una empresa que genera valor, no como un pueblo que despilfarra en ruinas para satisfacer vanidades pasajeras.

Una vez más, insisto, el Plazas Alcid debe ser demolido. Es un activo improductivo que no genera ingresos para el municipio y solo produce gastos. En su lugar, nuestros mandatarios deben analizar otras alternativas junto al sector privado e iniciar allí uno de los procesos de renovación urbana más importantes de la historia de Neiva. Eso sí traería progreso, empleo y nuevos ingresos para nuestra ciudad.

Es hora de escuchar a los neivanos. Es momento de ir al Concejo y redireccionar esa inversión.

Fuente: Diario La Nación

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