Neiva, una sociedad que se destruye-chicho rodriguez

Neiva, una sociedad que se destruye

El respeto mutuo entre ciudadanía y autoridad es una piedra angular en la edificación de una sociedad funcional, justa y equilibrada.

Cuando una comunidad reconoce y valora la figura de la autoridad, y esta, a su vez, se ejerce con responsabilidad, se consolida un tejido social fuerte, capaz de sostenerse sobre la base del orden, la legalidad y la confianza recíproca.

Las sociedades que promueven la cultura ciudadana desde el respeto por las normas ya sean de convivencia, de tránsito, de seguridad o del simple trato cotidiano, son aquellas que comparten una identidad común. Esa identidad, se expresa en una ética colectiva del comportamiento cívico. Esas son las sociedades que generan riqueza, no solo en lo económico, sino en su capital social y humano.

Por el contrario, las sociedades donde se desacatan sistemáticamente las normas, donde la autoridad es vista como un enemigo o simplemente como alguien a quien burlar, se descomponen desde dentro. Su tejido social se deshilacha y se fractura. Son sociedades condenadas a educar generaciones sin norte, sin referentes y sin sentido de comunidad.

Esta destrucción no solo ocurre cuando el ciudadano irrespeta las normas. También se da cuando es la propia autoridad la que irrespeta al ciudadano. El abuso de poder, la corrupción, el trato grosero, la indiferencia ante el deber, también erosionan la confianza pública. Una autoridad que deja de servir y comienza a imponerse con prepotencia, es una autoridad que pierde su legitimidad, sin importar el uniforme que vista o la oficina que ocupe.

Bajo ese contexto, es inaceptable lo ocurrido la semana pasada en Neiva, donde un mal ciudadano, infractor reiterado de las normas de tránsito y con aparentes antecedentes judiciales, intentó agredir con un arma blanca a agentes de tránsito en pleno operativo de la Secretaría de Movilidad.

Estos hechos reflejan con crudeza el tipo de sociedad que estamos dejando crecer en Neiva, una ciudad donde el respeto por la autoridad, las normas y la convivencia están en crisis. Donde se impone la reacción visceral antes que la razón, la desobediencia antes que la ciudadanía. No es exagerado decir que estamos cultivando una generación para la que el orden y el respeto no significan nada.

Es momento de una profunda reflexión colectiva. Neiva necesita transformarse en una ciudad donde se rechacen las agresiones contra la autoridad, pero también donde esa misma autoridad entienda que el respeto se gana desde la transparencia y las buenas maneras. Urge recuperar la credibilidad de la ciudadanía en sus autoridades, especialmente en aquellas encargadas del tránsito y la movilidad.

Fuente: Diario La Nación

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